jueves, 15 de junio de 2017

Ser social está sobrevalorado

La habilidad de prejuzgar a la gente es algo que viene incorporado en el ser humano prácticamente desde que este adquiere la capacidad de razonar.

Todos en algún momento de la vida hemos hecho uso de esta facultad. Negarlo no tendría ningún sentido ya que forma parte de nuestra naturaleza.

Solo nos basta con ver una persona un poco excedida de peso caminando por la calle para pensar: “Mirálo al gordo, que se tragó? Un fiat 600? Debe estar todo el día comiendo seguro. Fija”

Sin detenernos a pensar un instante en las circunstancias que lo habrán llevado a tener esas dimensiones, pobre gordo.

O si no de pronto cruzarnos con un amigo, un conocido; en donde se da la casualidad de que justo las dos veces que lo vemos se encontraba tomando una cerveza con un grupo de amigos. Entonces tomando eso y sumando el hecho de que después sale etiquetado en una foto de Facebook donde se lo ve con un vaso de cerveza en la mano, nos da los elementos suficientes para concluir casi de manera instantánea que el tipo es una esponja humana y que a donde sea que vaya se toma todos los tragos habidos y por haber, amaneciendo la mañana siguiente desparramado sobre el tibio charco de su propio vomito.

Y pasa exactamente lo mismo con las personas que son antisociales.

Desde el origen de los tiempos, es costumbre del hombre colocar a este tipo de personas en lo más bajo de la pirámide social. Vistos por lo general como criaturas oscuras del inframundo, quienes llevan una existencia triste, vacía y patética.

“¿Pero por qué pasa esto, W?” te estarás preguntando vos en este momento sentado frente a la PC, mientras esperas cómodamente a que esas gigas de anime y virginidad en estado puro se terminen de descargar.

Si bien no creo tener la respuesta definitiva, para tratar de responder esa incógnita me remitiré al tópico inicial: El prejuzgamiento.

En la mayoría de los casos, las personas antisociales tienen muy pocos amigos (o directamente no tienen), casi no salen y no hablan más que lo justo y necesario para hacerse entender y poder así satisfacer las necesidades básicas como comer y vestirse.

Y son justamente aquellas características las que inducen a la gente “normal” a pensar que llevan una vida miserable.

Hoy no solo te voy a demostrar que eso es completamente falso. Patrañas que se inventan los normys para darse una explicación a ellos mismos sobre una realidad que escapa a su imaginación y entendimiento como agua entre los dedos. No. No solo te voy a demostrar eso, sino que también te voy a revelar porque ser una persona antisocial tiene, de hecho, bastantes beneficios.

Esto claro, siempre y cuando sepas usar bien tus cartas. Así que sentate y toma este articulo como una guía práctica, la cual te va ayudar a desarrollar ese potencial que tenes oculto y que los normys envidian en secreto.

Para empezar, y esto es clave: el universo ignora por completo tu presencia. Esto significa que desde el vamos nadie te va a pedir que hagas algo por alguien porque nadie espera algo de vos. Lo cual te va a facilitar la vida en un 90%

Presta atención:

Donde una persona normal se ve obligado a inventar una excusa que lo ayude a escapar de un evento al que no quiere ir. Ya sea un cumpleaños, un asado con tus compañeros de trabajo o un velorio, a vos directamente ni te van a invitar. Porque la idea de ese tipo de reuniones es pasarla bien. Sonreír y regocijarse bajo la luz del sol en una tarde rodeado de amigos y seres queridos. Y como vos justamente representas la antítesis a todo eso, van a tomar todas las medidas necesarias para evitar que vayas y les jodas el día.

¿Y los podrías culpar por ello? No. Sabes que no. Sabes perfectamente que basta con que respires a solo dos metros de la vida de otro ser humano para cagarsela.

La fecha de tu cumpleaños es otro ítem atractivo que tenes a tu favor. Ya que en contraste con la gente a la que literalmente no le alcanzan las horas del día para poder reunirse con todos sus amigos y familiares y tienen que recurrir a festejarlo en dos o tres días, tu única preocupación es que no te falle ninguno de los dos únicos amigos que tenes. Esos dos amigos más los extras de la primaria que puedan llegar a caer más tarde porque les dijiste que iba a haber cerveza.

Mientras los demás se ven en la tediosa tarea de atender los más de treinta o cuarenta llamados que recibe de gente para felicitarlos y que los tiene media hora en el teléfono en el mejor de los casos, vos con el único llamado que vas a tener que lidiar va a ser con el de tu abuela, si es que se llaga a acordar de esa fatídica fecha que supone el día de tu llegada a este mundo.

Ya me la puedo imaginar a la venerable anciana, sentada sobre su silla mecedora y pensando:

“Y si, lo voy a tener que llamar. Es mi nieto, no me queda otra. Mejor me lo saco de encima ahora, antes de que empiece la novela.”

No tengas dudas. Ese es el pensamiento exacto que pasa por su cabeza antes de llamarte por teléfono. Anhelando siempre la posibilidad de que por algún motivo no puedas atender la llamada.

“Ay qué bueno sería que no me atienda. Que esté hablando con otra persona. No, pero claro ¿Quién lo va a llamar? Debo ser yo la única pelotuda.”

Y entonces con un inmenso dolor en el pecho, empieza a marcar el número de tu celular.

Pero bueno, es un llamado cortito, de diez minutos con toda la furia en el cual vas a hablar exactamente lo mismo que hablas todos los años.

-Hola querido, feliz cumpleaños
-Gracias abuela
-¿Cómo la estás pasando?
-Bien, bien. ¿Vos cómo estás abuela?
-Bien querido, bien.
-Bueno me alegro abuela, ya te voy a ir a visitar.

Ahí tu abuela entra en pánico y automáticamente piensa:

“Ay no, por Dios no. Ay, ojala que no venga. Ay ojala que lo pise un auto y no pueda venir. No es que no lo quiera, es mi nieto, pero que se quede en su casa. Que no me venga a joder mí.”


Otro punto a destacar de este infravalorado grupo, es que no tienen que preocuparse por responder un mensaje a tiempo, porque rara vez reciben uno. Y si lo hacen, de seguro son mensajes que se limitan exclusivamente a temas como la facultad y el trabajo.

Para que perder tiempo en conversaciones ociosas del tipo “Hola, cómo estás?” o “Che como venís llevando el tema de la amputación de tu pierna izquierda”?

No tiene sentido.

No tienen que dar explicaciones de porque llegan a la hora que llegan, ya que no tienen a nadie que los esté esperando.

Incluso tu madre, la persona que te engendró, se decepciona cada vez que escucha el sonido de las llaves detrás de la puerta y te ve atravesar la sala al tiempo que exclamas “Ya llegué.”

Tu mamá, en su total ignorancia, es presa del miedo ante la idea de pensar en que te pongas a hablar con ella.

Stop.

¿Hablarle de que? Pobre ingenua, ignora por completo que como todos los días no tenes nada que sea relevante para contar, y lo único que queres es retirarte a tus aposentos para estar solo y en silencio, mientras abrazas a tu vieja amiga la oscuridad.

Al principio te hable sobre la gente que inventa todo tipo de excusas a fines de librarse de un evento al que no quieren asistir.
Lamentablemente no todos gozan de la misma creatividad, por lo que muchas personas ocasionalmente se ven obligadas a asistir a lugares en contra de su voluntad y se exponen al contacto con gente a la que no quieren ver, solo para no herir los sentimientos de la persona que los invito.

“No, como no vas a ir. Queda mal.”
“No, como te vas a ir a esta hora. Queda mal.”


Novatos.

Vos, que sos experto en pasar desapercibido hasta en la fiesta de tu propio cumpleaños, no tenes este tipo de inconvenientes, y si no estas a gusto con el ambiente que te rodea simplemente te levantas y te vas.


El problema con la gente común es que se aventura a indagar sobre las cuestiones personales de una persona, sin antes detenerse a pensar si realmente le importa.
Basta para que una persona que apenas conocen entre en su campo de visión para preguntarle “¿Todo bien?” sin saber a que se están embarcando.

Y es justamente ahí, donde sucumbe el hombre común, que el antisocial triunfa, y se pregunta a si mismo:

“¿Me importa cómo está esta persona? No lo creo. Auriculares a mí.”


martes, 30 de mayo de 2017

Mi vida durante el secundario

El otro día me encontraba tirado en mi cama, panza arriba mirando el techo, cuando de repente por razones que desconozco, se apoderó de mí un fuerte sentimiento de nostalgia. Sentimiento que me trasladó a mi vida durante el secundario.

Rarísimo.

De un momento a otro, rostros de personas las cuales creí haber enterrado hace años en los avernos más profundos de mi mente, empezaban a cobrar vida de nuevo. Al principio de una manera muy vaga y obtusa, pero que de a poco iban tomando forma.

Se me ocurrió ponerme a buscar las fotos que tenía guardadas de aquellas lejanas épocas, a fin de que eso me ayudara a recordar mejor. Pero por más que busque durante un largo rato no fui capaz de encontrar ninguna. Ni de salidas, ni de excursiones, ni siquiera del viaje de egresados. Ni una mísera foto.

Entonces me acordé. No tenía fotos, porque no tenía amigos. Todos me odiaban. Y con justa razón, porque había sido un pésimo compañero, o al menos eso fue lo que me hicieron creer.

Mientras la mayoría de las personas recuerdan su vida de estudiante de secundaria con cariño, considerándola en muchas ocasiones como la etapa más linda de sus vidas, yo por mi parte, de lo que más me acuerdo es de como tenía que escaparme del salón y salir corriendo ni bien tocara el timbre porque mis compañeros me querían cagar a trompadas.

Me acuerdo que una vez me habían corrido como veinticinco cuadras, cuando en primer año durante uno de los exámenes finales de Lengua y Literatura, delate a uno de mis compañeros con el profesor porque se estaba copiando. Su situación era tan crítica que necesitaba aprobar el examen con una nota alta para no llevársela a marzo y salvarla por lo menos para diciembre.
Recuerdo bien haber dejado de prestarle atención a mi propio examen para enfocarme en los movimientos de mi compañero y encontrar el momento preciso para poder acusarlo.
Finalmente, al menor indicio de oportunidad, me levanté de mi asiento cual águila que se lanza sobre su presa y totalmente embriagado de poder al tiempo que señalaba con un dedo acusador exclamé: “¡Profesora! ¡Juan se está copiando! ¡Ahí! ¡Mire! ¡Mire!”
La profesora automáticamente le saco el examen y lo aplazó en el acto, haciendo que se llevara la materia a marzo.
“Vamos a ver si tus vacaciones ahora resultan tan divertidas como lo esperabas,” pensé mientras sonreía de oreja a oreja y mi compañero, al borde del colapso miraba como esa lapicera bic roja trazaba la palabra “aplazo” en su hoja. Hermoso.

De todas formas creo que esta bueno aclarar que actos como este no deben ser vistos como malignos, ni con la intención de hacer daño, sino como medios de entretenimiento a los que acude un niño adolecente para poder divertirse un poco y lograr sobrevivir en ese submundo oscuro al que llamamos escuela secundaria.

Yo no era malo, solo que por algún motivo disfrutaba cagarle la vida a los demás y deleitarme en las penas ajenas. Solo hacía falta que un compañerito me dijera que estaba angustiado porque creía que le había ido mal en un examen para que yo pensara: “Ay Dios, ojalá que le haya ido mal. Sí, ojalá se saque un uno así se pone a llorar en medio del salón. Qué bueno que estaría.”

Una vez en un cumpleaños de quince –en toda mi vida me habrán invitado a dos, máximo- recuerdo haber estado sentado solo en la mesa, mientras todos los demás bailaban y la pasaban bien, cuando en eso aparece la chica del cumpleaños y me pregunta porque yo no bailaba. “No me gusta,” le respondo. Me acuerdo bien que ella tomo una de las sillas que estaban ahí, se sentó y me dijo que la hacía sentir mal ver que no la estaba pasando bien. “Queda mal que estés acá solo,” me dijo. Yo la miré y le dije: “Si vamos al caso, vos quedas mal con ese vestido. Andá a saber cuánta plata gastaron tus viejos en esta fiesta como para que vos no hayas podido bajar por lo menos dos kilos y entrar en ese vestido como corresponde. Igual la comida esta buena.”
Ese día me acuerdo que me angustie de verdad. Porque pensé que finalmente estaba haciendo progresos en el complejo arte de socializar. Generando finalmente un tema de conversación que no fuese “hola” y “chau”. Pero no, la cumpleañera se lo tomo muy mal. Se puso a llorar, se encerró en uno de los baños y mientras los padres golpeaban la puerta desesperados para que salga ella entre sollozos demandó que solo iba a salir del baño si yo me iba de la fiesta y el lunes a primera hora hablaban con el rector para que me expulsaran del colegio.

Lo de la expulsión no pudo ser, para desilusión de todos el curso, pero la gente del salón me pago un remis para que me llevara hasta mi casa, a efectos de poder continuar con el evento.

La pase realmente mal. Pensé que finalmente estaba logrando progresos en mi meta de hacer por lo menos dos amigos antes de terminar el secundario, pero no fue así. Y debo confesar que lo que más me dolió no fue la puñalada que la vaca de mi compañera le dio a mis sentimientos, sino que me echaron de la fiesta faltando tan poco para que los mozos empezaran a servir el desayuno junto con las medialunas.
Mientras el personal del salón me escoltaba fuera del lugar, con los vítores de mis compañeros de fondo y el padre de mi compañera orquestando todo el movimiento al grito de “Solo a vos se te ocurre invitar a ese sorete,” le pregunto a la madre, que en aquel momento era la que a mi parecer emanaba menos odio, si me podía llevar por lo menos dos medialunas para el camino. Ella me contestó que con tal de que me fuera me llevara todas las que quisiera.

De más está decir que yo me negué. Tal vez no tuviese amigos pero había algo con lo que si contaba en opulencia por suerte, que era dignidad. “Deja, mejor guardatelas para el ballenato de tu hija,” le dije.
Mi compañera lanzó un último grito de dolor seguido de una imprecación que no llegue a escuchar porque alguien ya había entrado al remis.

Lo único que rescato de esa fiesta es que por lo menos me retiré con la frente en alto. Todavía era muy joven, ya me echarían de fiestas mejores.

O eso fue lo que pensé yo de manera errónea por supuesto. Porque después de esa fiesta más nunca me volvieron a invitar a otro cumpleaños o evento de similares características.
Antes, por lo menos los padres de mis compañeros de lastima los obligaban a que me invitaran, pero después ni eso. Es más, recuerdo bien que hubo un momento en el que las invitaciones de cumpleaños empezaron a venir con una clausula abajo que en letras chicas decía que independientemente de quien se presentara con dicha invitación, yo no podía entrar.

Una vez, en cuarto año, me acuerdo de un examen de matemáticas en el que por una sola falla la profesora me había puesto un 7,50. Eran cuatro ejercicios, de los cuales cada uno tenía un valor de 2,5 puntos. Suponiendo que de verdad yo había cometido un error la calificación estaba bien puesta. El inconveniente vino después, cuando me entero de que uno de mis compañeros había cometido el mismo error, en el mismo ejercicio, con la diferencia de que a él se lo habían puesto como que estaba bien.
Lo que era aún más interesante era que todos los demás estaban mal, por lo que la profesora le puso un 2,50.

Yo tenía dos opciones: O le reclamaba a la profesora para que me cambiara la calificación a 10, o me conformaba con mi 7,50. La verdad que yo mucho para perder no tenía, salvo que la profesora optara por no subirme la nota y bajarle el puntaje del examen de mi compañero a cero.
Mi compañero prácticamente me suplicó que no le dijera nada. Su padre siempre había sido una persona violenta. Varias veces recuerdo haberlo visto venir a clases con moretones en los brazos que el desesperadamente trataba de esconder debajo del buzo. Por lo que si se aparecía en la casa con un cero, era muy probable que recibiera una epica cagada a trompadas.

La profesora miro mi examen, me miro a mí, y dijo: “Mira yo no te puedo subir la nota, pero si les vas a decir a tus papas para que hablen con el director no me va a quedar otra alternativa más que bajarle la calificación a tu compañero.”

De nuevo. El chico me rogo para que no dijera nada. Que dejara todo como estaba. “Vos sabes como es mi papá, por favor, si decís algo lo único que vas a hacer es perjudicarme a mí.”

Pero era demasiado tarde. La misma profesora me había dado el poder para actuar como verdugo de mi compañero y cortarle la cabeza. No podía dejar pasar semejante oportunidad.

“Profesora, la decisión es dura y a nadie le duele más que a mí pero es lo justo. Bájele la nota Gustavo. Tome, use mi birome.”

Lo único que lamento es no poder haber visto como lo molían a golpes a mi pobre compañerito, pero me acuerdo que por tres días no asistió a clases.
Las represalias de sus amigos no se hicieron esperar, por supuesto. Al otro día cuando llego al salón, encuentro la siguiente frase en mi banco escrita con liquid paper: “Estas muerto.”

Por suerte yo ya había tomado las precauciones necesarias y me había sentado en uno de los bancos de la primera fila, que eran los que estaban más cerca de la puerta. Cosa que cuando sonara el timbre pudiese salir corriendo hasta la puerta de salida y escapar.

Repito, no es que yo haya sido un hijo de puta o un mal compañero. Lo que pasa es que era muy inocente, y en mi intento desesperado por hacer amigos y encajar en el grupo a veces lograba resultados completamente opuestos. La culpa no es mía sino de mis compañeros, que nunca me dieron la oportunidad de redimirme de mis actos. Basta con decirles que en quinto año, durante los preparativos para el viaje de egresados, se pusieron a juntar firmas para que no vaya, logrando juntar no solo las de todo el curso, sino además la de los padres y casi todo el cuerpo docente.

Yo no era malo, me hacían bullying. Que es distinto.


miércoles, 3 de mayo de 2017

El otro día tuve una cita por Tinder - PARTE 2




“Esto es un error. Yo no debería estar acá, debería estar en mi casa viendo Attack on Titan, comiendo pan con manteca,” fue lo que pensé no una, sino varias veces, aquella calurosa noche de verano, parado en una esquina mientras esperaba a Anís, la chica que había conocido por Tinder.
“Es obvio que no va a venir. Te dejaron de plantón W,” no dejaba de repetirme una y otra vez. “Y la verdad que bien por la chica. Porque esto no es más que otro intento desesperado tuyo por encajar en la sociedad y llevar una vida normal. Intento que seguramente termine yéndose por el garete junto con los anteriores. Porque bien sabes que sos incapaz de interactuar con otro ser humano sin forrearlo. Necesitas arruinarle la existencia a cual persona te cruces por el camino. Está en tu sangre.”

Me había agarrado tal estado de negatividad que estuve a punto de echar todo para atrás y volverme a mi casa. Pero en ese momento recibo un mensaje de Anís que decía lo siguiente: “Llego en diez,” nada más que eso. Yo asumí que diez minutos por supuesto. Miro el celular y el reloj de la parte superior de la pantalla marcaba las nueve y veinticinco de la noche. Habíamos quedado en encontrarnos a las nueve y media, por lo que dentro de todo todavía estábamos en el horario establecido. Cualquiera se puede pasar cinco minutos.

“Bueno, ya fue, espero cinco minutos más, total seguro que no viene,” me dije, siempre con la idea de que a último momento la piba se iba a arrepentir e iba a optar directamente por no aparecer. “Este tipo esta desquiciado. Mirá lo que son esas fotos. Si, si, debe ser un desquiciado. Mejor me quedo en mi casa y trabo puertas y ventanas, por las dudas.”

Pensamientos similares daban vueltas por mi cabeza cuando de repente aparece Anís. No sé si fueron exactamente diez minutos los que estuve esperando. Tal vez fueron más, tal vez menos, no me fije.
La miré, y por más que supe al instante de que se trataba de ella, no puede evitar hacer una comparación con las fotos que mostraba en su perfil de Tinder.
No voy a decirles que me decepcione con la persona que apareció ante mí porque estaría mintiendo. A ver, si bien las fotos a veces suelen mentir, tienen un límite. No había forma de que Anís en las fotos aparezca como una mujer carilinda de ojos verdes y cabello rubio, acompañada de una cintura delgada con unas buenas piernas, y en persona sea una gárgola. Pero cuando le vi bien la cara tuve esa sensación que se apodera de uno cuando por ejemplo haces una compra en Mercado Libre y cuando lo retiras y lo tenes finalmente en tus manos decís: “Eeeeeh, esto no se veía así en la foto.” Pero como ya estás ahí y te pegaste un re viaje lo terminas comprando igual.
En fin, si bien Anís no termino siendo tal cual se mostraba en sus fotos, no dejaba de ser una chica bastante atractiva. 


Nos saludamos lo más bien, y me comenta que se retrasó porque había salido tarde de trabajar. “No hay drama,” le digo y en seguida me encuentro acorralado ante la siguiente pregunta: ¿Y ahora qué diablos se supone que tengo que hacer?
A ver. No es que jamás invité a una chica a salir. Habré invitado a unas cien cachorras. Lo que pasa es que las cien me dijeron que no, por lo que no estoy muy familiarizado con el procedimiento a seguir una vez que aceptan. Y cuando digo que no estoy familiarizado quiero decir que no tengo ni la más puta idea.

La célebre frase “salir a tomar algo” puede abarcar muchas cosas.

La idea de llevarla a un lugar con poca gente, oscuro e inhóspito fue descartada de inmediato, ya que no quería parecer un violador serial. Pero tampoco quería ir a un lugar que estuviese repleto de gente, ya que estaría creando demasiados testigos. Si mi ritual de cortejo en pos de lograr el apareamiento terminaba siendo un fracaso absoluto y la cachorra salía huyendo del lugar espantada, por lo menos que lo viera la menor cantidad de gente posible.

“¿Qué te parece si vamos al restaurant que esta acá a dos cuadras?” le pregunto. “Pase de camino y se veía bastante tranqui.” Por un momento casi le digo deshabitado, pero utilizar una palabra como esa en una primera cita me resulto un toque siniestro.
“Ah, dale,” me dice ella con una sonrisa.
“Barbaro. Y contame ¿Qué hiciste hoy?” Le pregunto porque obviamente de ALGO teníamos que hablar hasta llegar al restaurant en cuestión.
Sonríe. “Hoy trabaje todo el día pero también estuve leyendo un libro que me tiene re enganchada la verdad.”
Qué bueno, pensé. Siempre me gustaron las chicas que prefieren disfrutar de un buen libro en casa antes que salir a bailar. Aparentemente Anís pertenecía a este tipo.
“Mira vos, ¿Y qué libro estás leyendo?” le pregunto, con sincera curiosidad.
“Ay, ahora no me acuerdo,” me responde.



 

¿Qué probabilidades hay de que estés leyendo un libro, que en teoría te tiene “enganchado” pero no logres recordar el nombre del mismo? Ninguna creo yo. Por lo que o bien me está haciendo una broma para ir entrando en confianza o es una imbécil.
Yo realmente quería apostar a esta salida. Apostar a Anís y apostar a Tinder. Creer en que la aplicación no me estafó vilmente y no me hizo salir con un chimpancé retardado.

Así que me aferre con todas mis fuerzas a la primera opción e intente seguirle el juego.
“¿Y de que se trata?”
Sonríe. De nuevo. “Ay, es que es difícil de explicar. Bah, en realidad soy yo la que no es buena explicando cosas.”
“Esta bien, no pasa nada, pero ¿Qué genero preferís?” Suelta una sonrisita, como una especie de “jjijijijij.”

-Pasa que no tengo un género así como…
-¿Como qué?
-No me sale la palabra…
-¿Favorito…?
-Claro, favorito. Leo lo que me van prestando a veces.

Confirmado: Es una imbécil.

No sé, yo pensé que en el peor de los casos me iba a decir “me gustan las novelas románticas.” Hasta que me dijera “Crepúsculo” hubiese sido aceptable.”
Pero que me dijera “No tengo idea de que estoy leyendo, leo cualquier cosa que me presten,” era algo que sencillamente escapaba a mi capacidad de comprensión. 


Pero bueno tampoco era cuestión de juzgar a la chica por decir UNA pelotudez. Había que mantener una actitud positiva ya que la noche recién estaba empezando.

Para mi desgracia…

Llegamos al restaurant. Bastante tranquilo. Viene el mozo, nos trae la carta. “¿Qué tomas?” le pregunto.

La sonrisita. De nuevo. “Que alegre que es esta chica,” pensaba yo.

-No sé, cualquier cosa. Una agua citrus.
-Ok ¿Y para comer?
-Cualquier cosa *sonrisita*
-¿Si te pido la mano de un mono te la vas a comer?
-¿Perdón?
-Cualquier cosa me dijiste.
-Jijijij es que no tengo mucha hambre, podemos pedir una picada si queres.
-Dale, me gustan las picadas.

Le dedico una breve pero reveladora mirada a la lista de precios. “Recorcholis,” maldije hacia mis adentros. “¿Por qué le pregunte que quería? Tendría que haber pedido una soda e íbamos a medias.” Pero bueno ya está.
La cuestión es que picada solo había una y era para cuatro personas. Estaba seiscientos cincuenta pesos. Anís era (o mejor dicho es, porque sigue con vida, al menos hasta donde yo sé) una chica que a simple vista vos la mirabas y ya te dabas cuenta que comía como un pajarito. Así que a efectos de evitar pedir una picada de semejantes proporciones para que la mina termine comiendo únicamente dos cuadraditos de jamón y me diga “no como más” y yo termine metiéndole la cabeza adentro de la bandeja, me decidí por pedir una tabla de fiambres y quesos. Total lo principal era charlar un rato para conocernos más.
La bandeja incluía un par de quesos y un par de fiambres que no son relevantes salvo por el jamón crudo. El jamón es de vital importancia para el desarrollo de la trama y el plot twist.

Nos ponemos a charlar y me doy cuenta de que jamás le pregunté de que trabajaba. Seguramente porque es un tema que siempre trato de evitar por chat en conversaciones de este tipo. Uno a veces llega cansado del trabajo y lo que menos quiere es ponerse a hablar de trabajo con un desconocido.

“¿De qué trabajas?” le pregunto.
“Trabajo en una agencia de catering,” me dice. “Ah, mira que bien. Que interesante,” le digo yo, siempre muy apegado al protocolo social. Porque es bien sabido que cuando hablas con una persona por primera vez y esta te comenta a que se dedica, uno por educación tiene que responder “Ah, mira que copado,” ya sea que trabaje en Google o vendiendo planchas de stickers del Hombre Araña en el subte.

-¿Y qué haces exactamente?
*se ríe* *Jijijijij*
-Trabajo como administrativa. Es medio difícil de contar.
-Me imagino.
-¡No! ¡En serio te digo!
-¿Tenes que llevar un conteo de los sanguchitos de miga? No me jodas, Anís.
*jijijijijij*
-No, soy medio recepcionista administrativa. La agencia es de mi hermana, trabajo con ella.
-Ok, te rascas todo el día frente a la PC viendo videos por Youtube y tu hermana te banca el sueldo.
-*jijijiji* ¡Yo no dije eso!
-Está todo bien Anís.

En eso llega el mozo, con la tabla de quesos y fiambres. Los quesos estaban geniales me acuerdo.

De repente Anís se queda observándome de manera dubitativa, así de la nada. Tenedor en mano con una feta de jamón enrollada en la punta.

-¿No comes el jamón crudo? Esta riquísimo.
-Nunca me gustó el jamón crudo.
-Ah, ¿Por?
-Simplemente no me gusta.
-¿Pero…qué es lo que no te gusta exactamente?
-¿El………….gusto?
-Ah, claro es verdad, el gusto. Vos debes pensar que soy una pelotuda.
-Noooooo Anís, pero por favooor ¿Cómo vas a pensar eso? Nada que ver.

En realidad era exactamente lo que estaba pensando. A ver. Supongamos que te invito a comer pollo y vos me decís que el pollo no te gusta. ¿Qué es lo que tengo que interpretar? Que no te gusta como sabe el pollo, obviamente. ¿O acaso existe alguna otra característica por la cual decidas que no te gusta una comida? Tal vez a algunas personas les guste el sabor de algunas comidas pero como no les gusta la textura o la estética del plato en cuestión optan por no comerlo. Anda a saber, capaz el raro soy yo.
En fin, para no dejar en evidencia el avanzado nivel de estupidez mental de Anís decidí cambiar rápidamente de tema con una de mis tantas maniobras de sociabilización.

-Me dijiste que fuiste al cine.
-Sí, jijijij. El sábado. Fui con unas amigas.
-Qué bueno che ¿y que fueron a ver?
-Logan.
-Ah mirá, me comentaron que es muy buena.
-Es excelente.
-¿Sos fan de las pelis de Marvel?
-Si, me encantan. Soy re fan.

“Qué bueno,” pensé. Si bien mi conocimiento en el mundo de los comics es bastante limitado, de las películas de Marvel hasta ese momento me había visto todas las que salieron. Un tópico que sin lugar a dudas a todos nos viene bien a la hora de generar un tema de conversación con una persona a la cual acabamos de conocer.

En una de esas la noche no estaba tan perdida.

-A mí también me gustan las pelis de Marvel. El otro día justamente me vi Deadpool ¿La viste?

-¿Quién es Deadpool?


Me bajó la presión.

La noche no estaba perdida. La noche se había ido a la re mierda. Exclamar ser un “gran fan” de las películas de Marvel y no saber quién es Deadpool es proporcionalmente igual a que yo diga ser un apasionado del fútbol y pregunte por qué mejor los jugadores no intentan meter los goles con la mano que debe ser más fácil.

En un momento recuerdo que me dice “me encanta ver series.” A lo que yo le pregunto cuales estaba mirando. Juro que la respuesta en textuales palabras de Anís fue la siguiente:

-Ninguna. Pero en su momento estuve re enganchada mirando una comedia sobre unos gays.
-Anís.
-¿Qué?
-¿Me estas jodiendo?
-No, es enserio. Es divertida porque yo tengo un amigo gay, entonces la miro con él y como que es más divertida.
- …

Lejos de que me sorprendiera lo del amigo gay, a este punto lo que realmente me sorprendía es que tuviera amigos.

“¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?” me pregunta en un momento. Dirigir la conversación hacia mí fue algo que me pareció bastante acertado por parte de ella. Más que nada por el simple hecho de que me empezaba a resultar más interesante la conversación de la pareja de ancianos que teníamos al lado sobre las ofertas en latas de atún, que lo que me estaba contando ella. Algo que tenía que ver con el asesinato de los padres, no sé, no recuerdo bien.

-Me gusta escribir.
-¿Sobre?
-Actualmente estoy escribiendo mi propia novela fantástica, pero también me gusta escribir sobre la vida misma.
-¡Qué bueno! Suena interesante. ¿Y cómo sería eso? Lo de escribir sobre la vida misma.
-Bueno, básicamente intento demostrar desde mi humilde punto de vista que la vida no es más que un vortex de miseria y oscuridad infinita en donde nada de lo que hagas tiene sentido porque igual te vas a morir.

La piba de repente se pone pálida.

-Ah mira…pero….eso no te parece como un poco….negativo?
-Yo creo más bien que queda sujeto a la interpretación de cada uno.
-Claro, por supuesto. ¿Y que más escribís?
-Bueno siempre me gustó mucho el humor negro y acido. Así que soy de escribir sátiras sobre eventos inesperados que van surgiendo en mi vida cotidiana. Situaciones raras con gente rara con la cual a veces me veo involucrado.
-Ayyyyy después me tenes que pasar algo de lo que escribís, jijijijiji. Porque esto ya me lo habías contado por Wahtsapp, yo te pedí que me pasaras algo para leer y te hiciste el boludo.
-Es verdad, mala mía. Prometo pasarte algo después.

Más tarde, después de salir del restaurant y acompañarla hasta la casa, en la puerta me dice: “Estuvo buena la cena. La próxima podríamos ir al cine.” Yo había borrado su número de de mi celular cuando todavía estábamos en el restaurant pero por cortesía le digo “Si, por que no.”

Si realmente esa era la forma de ser de Anís o si yo había sido víctima de la mayor trolleada en la historia de Tinder es algo que nunca voy a poder saber.
Ya en viaje, de regreso a mi casa, recibo un último mensaje de Anís, solo que ahora como ya no la tenía agendada, no me aparecía su nombre sino que solo salían los números de su teléfono.

-No te olvides después de pasarme algo de lo que escribís.
-Dale
-Espero no entrar y encontrarme con algo como “el otro día salí a comer con una pelotuda que conocí por Tinder,” jajajajaja
-No Anís, de ninguna manera. Te doy mi palabra.

jueves, 20 de abril de 2017

El otro día tuve una cita por Tinder - PARTE 1

Antes de dar inicio a mi relato, considero menester dejar en claro que las líneas que leerán a continuación, nada tienen que ver con esas noticias trágicas que circulan por internet en donde el chico, descontento con una o varias actitudes de la chica, opta por decapitarla de un hachazo, para posteriormente guardar su cabeza dentro del freezer a modo de trofeo.

Mis lectores, que por supuesto incluyen a amigos muy cercanos, me conocen y bien saben que la cosa tranquilamente pudo haber terminar así. Pero no fue el caso.

Sin ir más lejos, fueron varios de mis amigos los que insistieron en que me bajara la aplicación.  A ver, soy consciente de que no soy una persona físicamente atractiva. Así como también sé que mi personalidad muchas veces puede no resultar agradable y placentera a los demás. De hecho, mis amigos más cercanos, los que más me conocen, los que más afecto me tienen, me han llegado a decir cosas como: “Todo lo malo que hiciste en esta vida lo vas a pagar en el infierno, donde espero que te pudras.” Algo que por cierto yo tomo como una crítica constructiva por parte de alguien que se preocupa por mí.

No soy la persona más fácil de llevar. Lo sé. No lo niego y me hago cargo. Es por ello que algo tan normal como conseguir pareja, para alguien como yo, puede resultar una tarea bastante complicada.
 

Cuestión que un día entre tanta oscuridad que envuelve mi vida, pude divisar un tenue rayo de luz en plena penumbra cuando uno de mis mejores amigos a quien quiero con el alma, Gastón, un fracasado de 33 años que trabaja como empleado en un locutorio, me recomendó esta aplicación llamada Tinder, que sirve para conocer gente.

Ahora yo me pregunto lo siguiente: ¿A quien se le ocurrió esto? ¿Como alguien pudo siquiera pensar que sería una buena idea? ¿Acaso no es suficiente con el hecho de que la vida misma nos someta a conocer gente de manera sistematica desde el preciso momento en el que nacemos para lidiar con ello hasta el momento de nuestras muertes? ¿Era necesario? Hay que ser masoquista realmente.


En fin.

Este amigo me dijo que desde que se la descargó había logrado salir con dos chicas, por lo que ustedes se podrán imaginar mi grado de asombro al pensar “si un perdedor como mi amigo Gastón, que tiene una presencia repugnante a la vista, logra convencer a dos minas para que salgan con él, a mí, por lógica me debería ir mucho mejor.”
 

Me descargo la aplicación y no tardó mucho en darme cuenta de dos cosas. La primera que la gente es bastante pelotuda. Porque por alguna razón creen que el signo zodiacal al que pertenecen es de vital importancia a la hora de conocer a alguien. Tanto es así que lo usan prácticamente como carta de presentación. O al menos es lo que yo noté en varios perfiles.

“Vanina, 26 años. Ariana.”
“Lucila, 30 años. Capricorniana.”
“Andrea, 22 años. Taurina empedernida.”

A ver cachorra, tirame más datos. Taurina empedernida. ¿Se supone que eso esconde algún significado? ¿O simplemente se trata de una persona desquiciada que va por la vida dándole cornadas en el culo a cualquier persona que se le cruce por el simple hecho de que es de tauro y por lo tanto es aquella cualidad lo único que la define?

La segunda cosa que percibo es que al encontrarte con especímenes como estos, la única forma de conocer a la persona con la cual coincidiste es a través de una serie de preguntas rutinarias estilo interrogatorio policial.

¿De dónde sos?
¿A qué te dedicas?
¿Con quién vivís?
¿Cuál es tu grupo sanguíneo?
¿Te gusta la empanada de humita?

Y claro cuando llegas a la pregunta 25, la mina se pudrió y te canceló la conversación. Mientras tanto vos el único dato que conseguiste sacarle es que es de piscis e hincha del rojo. Qué maravilla.

El problema es que al no tener ningún tipo de información que me permita lograr un mínimo de interacción, no tengo más alternativa que recurrir al camino más corto, directo y sin ningún tipo de vueltas:

-Hola ¿Cómo estás?
-Bien ¿y vos?
-También. Mi estimada ¿Cómo se ve usted para garchar esta noche?

*cancela conversación*

“Esto no es para mí,” pensé luego de veinte intentos fallidos y estuve a punto de borrar la aplicación cuando recibo una notificación de un nuevo match.
La chica en cuestión era bastante atractiva. Por lo menos a nivel físico era mucho más de lo que yo podía pedir. “Seguramente le dio al corazón por error y en cuestión de segundos me va a cancelar,” dije. Pero no, luego de dos horas de esperar a que me cancelara le hablo. “Hola,” pongo.

“Ya está. Ahora me cancela seguro,” dije, pero no, “Hola ¿Cómo estás?” me pone ella.

-Bien ¿Y vos?
-También ^_^

En ese momento pensé en hacer alguna pregunta que no fuese tan mecánica estilo “¿de dónde sos?” No, la idea era más bien preguntar algo que me permitiera generar algún tema de conversación. Entonces le pongo “¿Que hacías?” Así, bien informal. Además es una pregunta que por una cuestión de educación es casi seguro de que después ella me la haga a mí. Pero bueno, yo se lo pregunte igual, de onda. A pesar de que es un estilo de pregunta que particularmente a mí me rompe las pelotas. Y es muy probable que si por ejemplo vos me pones “hola ¿qué hacías?” por Whatsapp, vaya hasta tu casa y te desfigure la cara a trompadas.

Pero esto era distinto. Acá no tenía opción más que ceder, si es que quería lograr algo con esta señorita que, repito, era muy linda.

Me responde casi al instante.

-Acá en casa, tirada viendo una peli. ¿Vos?

Eureka!

“O bien le despierto cierto interés o la película que está mirando es una mierda,” dije.

Me inclino más hacía la segunda opción. Pero no importa, es irrelevante. Respondió así que de inmediato me puse a pensar en algún tipo de respuesta que me hiciera ver de manera sofisticada e interesante. Intelectualmente atractiva. “Acá en casa tirado como una larva esperando a que a Tinder me haga el milagro” me pareció una respuesta, que si bien era sincera, dejaba al descubierto mi avanzado grado de desesperación y decadencia moral.

Por lo que opte por descartar esa respuesta y poner lo primero que se me vino a la mente:

-Estoy viendo un documental sobre asesinos y violadores en serie por Youtube.

Ok, sé que estuve mal ni bien termine de tipiar las palabras, pero afortunadamente la simpática jovencita pareció habérselo tomado con humor respondiendo con un “jajajajjajajaja.”

Luego de aquel pésimo arranque seguido de una serie de intercambio de comentarios, puedo decir que la charla se volvió medianamente fluida. Me conto que era de Córdoba y que había venido a Buenos Aires para estudiar medicina.
No pasó mucho tiempo hasta que me pasara su número telefónico y quedáramos en encontrarnos para salir a tomar algo. La perplejidad que se apodero de mí en aquel momento, combinado con la sensación de triunfo ante semejante hazaña es algo que simplemente no logro describir con palabras. Imagínense. Todos estos estos años refugiado en los recónditos y oscuros rincones de mi habitación viendo pasar la vida como si fuese una película bizarra clase B y descargando gigas y gigas de anime hentai, donde la idea de salir con uno de estos ejemplares hembra solo podía cobrar vida en un escenario que transcurriese únicamente dentro de mi imaginación. Ya que tener cualquier tipo de interacción de este tipo en el mundo real, era algo que hasta hoy me resultaba completamente descabellado.

La verdad que estaría mintiendo si les dijera que no estaba entusiasmado. Además por todo lo que veníamos hablando por chat, con la mina compartíamos más o menos los mismos gustos. A los dos nos gustaban las series, la lectura, así como los días grises y apagados, con la menor cantidad se seres humanos posible circulando por la calle.

Y como bien les mencione antes: era muy linda. Nada podía salir mal, fue lo que pensé.

Que equivocado que estaba…





jueves, 9 de marzo de 2017

La gente ya no se expresa como solía hacerlo

El otro día dando vueltas por Facebook, buscando algún que otro posteo que aluda a la miseria ajena (con el único fin de encontrar una solución satisfactoria a dicho problema) para posteriormente comentarlo con ustedes dado que básicamente es eso lo que nutre a este blog; me percate de algo que si bien para muchos de ustedes puede no ser relevante, creo que lejos de eso se trata de algo que debería preocuparnos a todos.

Y es lo siguiente: La gente cada vez utiliza menos sus propias palabras para expresarse.

Todo a causa de esas páginas de pacotilla, que no hacen otra cosa más que publicar imágenes con frases motivadoras que sus seguidores comparten de manera compulsiva y hasta enfermiza, bajo la falsa ilusión de que de alguna forma eso les ayudara a mejorar sus miserables y patéticas vidas.

Craso error.

Personalmente creo que si estás pasando por una situación difícil y necesitas descargarte, y de algún modo pensas que las redes sociales son el medio adecuado para hacerlo, adelante, estás en todo tu derecho. Nadie te va a juzgar. Pero que sea con tus propias palabras. No compartiendo imágenes con frases que sube una página, que seguramente se las robo a otra página, y que esta a su vez robo de otra página, porque no se les cae una idea ni a aunque sus vidas dependieran de ello y son tan o más lamentables que la persona que lo comparte.

Sí, yo entiendo que la perspectiva te puede llegar a resultar un tanto osada, más aun cuando sabés que tu prosa literaria es comparable con la de una babosa.



Mirala bien. ¿Te la imaginas escribiendo? Esta medio complicado ¿no? Bueno, es como te ves vos cuando intentas escribir algo tipiando tus propias palabras.

Pero no te preocupes, mi propósito, que más que propósito es el motor que impulsa mi vida, siempre fue y será el de ayudar a los demás. No importa que tan bruto seas, todo, con un poco de luz y mucha paciencia puede ser rescatable. O parcialmente rescatable….o por lo menos salvar la mínima porción de materia gris que te permita escribir como algo que se le parezca más a una persona y no a un chimpancé alcoholizado.


Es por ello que en este artículo me propongo a señalar las contras que conllevan el compartimiento abusivo de estas frases, que no buscan otra cosa mas que arrebatarnos nuestro bastión creativo.
 

Mi preocupación no hizo más que agravarse cuando detecte que esta gente también utiliza este tipo de frases para librar sus querellas personales.

Veamos:

Supongamos que María tiene un altercado con su amiga de toda la vida Victoria, porque esta última le robo su delineador favorito en un vil y despiadado acto de traición. Entonces María en lugar de actuar de la manera más racional que en este caso sería ir de frente con su amiga y plantearle todo lo que está sintiendo, opta por hacer todo lo contrario y la vemos compartiendo en su muro una imagen que dice:

“Las personas no cambian con el tiempo, el tiempo te muestra lo que son en realidad.”

A lo que su amiga Victoria, quien claramente se graduó en la misma universidad para subnormales que su amiga, responderá con una imagen que diga:

“No pierdas tu tiempo explicando, la gente solo escucha lo que quiere oír.”

¿Me están jodiendo chicas? ¿Acaso dentro esa huevonada que comparten hay un mensaje oculto que las personas ajenas a su riña tenemos que descifrar?
No, le aseguro que nadie piensa tal cosa. Lo más probable es que sus contactos se queden estupefactos ante el nivel de pelotudez que demuestran las dos y al mismo tiempo se sientan rehenes de la vergüenza que van a padecer ante la perspectiva de que alguien las pueda llegar a relacionar con ustedes.
Pero bue, cuestión que un meme lleva al otro y las dos amigas terminan enemistadas por toda la eternidad por un mísero delineador, que seguramente Victoria se olvidó de devolver porque colgó mirando la novela.

Es en verdad alarmante el hecho de que las personas ignoren el poder que tienen las palabras cuando se las utiliza de manera apropiada dentro de una conversación. La fluidez y elegancia con la que se puede trasmitir una idea o manifestar un pensamiento ya sea de manera oral o a través del teclado.

Pero no, de ahora en adelante que esta página de memes pedorra y de lamentable procedencia me represente y diga todo lo que pienso.

Y por supuesto nunca va a faltar el goma con aires de grandeza y superación compartiendo frases como:

“Me estoy callando tantos ‘andate a cagar’ que deberían darme el novel de la paz.”

Boah, ¿No será mucho che? Digo. Aguanta “yo llego al olimpo de la madurez concentrando toda mi determinación como un rayo láser para después dispararla en forma de meme”. Más que novel de la paz vos deberías ir a la hoguera para posteriormente inmortalizarte y vivir como un claro ejemplo a no seguir.

Después están esos a los que les pinta el delirio místico y piensan que son importantes mentes privilegiadas con rasgos revolucionarios que llegaron al mundo con la predestinada misión de cambiarlo.

¿Por qué? ¿Qué los lleva a creer semejante pelotudez? Se preguntaran. Bueno, agarrate de lo que puedas porque parece que dependiendo del signo que seas, puede que tu vida ya haya sido seleccionada para alterar el orden preestablecido por la madre de todos los cosmos.

“¿Queeé? ¿Me estás jodiendo W? Por favor, decime ya de dónde puedo sacar toda la información que me ayude a revelar los secretos que esconde mi signo. ¡No me dejes así! ¡Por cierto, soy de Cancer!”

¿Perdón? A mí no me miren. Toda la información ya está disponible en cualquiera de esas páginas de horóscopo que andan dando vuelta por Facebook.

A ver, acá hay una, veamos que dice:

“Están destinados a la grandeza.”
-Aries, Escorpio, Sagitario, Acuario, Géminis, Capricornio.

Es en verdad lamentable que personas sin autoridad y/o conocimiento alguno se aprovechen de las pobres gentes con la autoestima por el piso, y que constantemente necesitan que se les digan algo bueno de su persona. Cualquier cosa. Lo que sea que les ayude a escaparse de la realidad y los haga a olvidar aunque sea por unos momentos que son unas lacras sociales carentes de identidad propia. 


¿Y todo para qué? Para ganar unos miserables likes en su página de Facebook. Debería darles vergüenza.


¿Cancer me dijiste que eras? No, no está en la lista, disculpa, vas a ser un fracasado.

Oh no, porque capaz mañana suben exactamente la misma imagen pero le cambian los signos. Andá a saber.


martes, 21 de febrero de 2017

Verano, te desprecio

El título que antecede a este artículo puede que les resulte algo pretensioso, puesto que por esta época del año somos muchos los que solemos quejarnos de las altas temperaturas que nos azotan sin tregua alguna, mientras salimos a la calle a ejercer nuestras actividades cotidianas. Sin embargo, desde que tengo uso de razón, recuerdo que siempre sentí bastante más antipatía y repulsión hacia el verano y todo lo que esto representa.

Un desprecio que va más allá de cualquier imprecación esporádica que vos puedas lanzar durante el día como por ejemplo “¡pero que calor de mierda che!” Porque dentro de todo vos podes seguir con tu vida, y de alguna forma te adaptas a las circunstancias. Lamentablemente lo mío no termina ahí. En mi caso es una batalla constante que tengo que librar segundo a segundo para no perder los estribos y asesinar gente.

Cuando me preguntan que pienso del verano, no puedo hablar del tema sin terminar hablando –valga la redundancia- de odio. Un odio desmesurado de proporciones colosales que, por más que me pusiera dos horas frente a la pantalla tratando de ubicar en Google los conceptos adecuados para describirlo, me resultaría imposible.

Pero vamos, antes que nada, quiero dejar en claro que mi odio por el verano no es algo que se limite pura y exclusivamente a las temperaturas. Claro que no. Mi mayor problema con esta nefasta estación es que logra sacar lo peor de mí, al tiempo que potencia la imbecilidad de la gente. Como si se la inyectaran, cual esteroides.

Ya bastante tengo con lidiar con este calor sofocante para que venga un salame a decirme “¡uh, que pesado que está che!”, todos los días sin excepción alguna. Pesadas tengo las pelotas, de gente como vos, que no hace más que recordarme a cada instante lo agónica y sufrida que es mi existencia con este calor del ojete.

Y lo peor de todo es que aunque le dejes de hablar, siempre va a haber alguien que tome su lugar. Son como las serpientes de la cabeza de Medusa. Por más que le cortes una, automáticamente le vuelve a crecer otra.

En el trabajo tampoco estas a salvo ya que por más aire acondicionado que haya, nunca va a faltar el subnormal de turno para quejarse diciendo que tiene frío y que por favor le suban un poco la temperatura. Claramente sin percatarse de que hace 35° y es tal el calor, que ves a todos tus compañeros como si fuesen manchas borrosas en el horizonte.

Entonces no queda otra que subir el aire a 26, porque es eso o agarrar a golpes a tu compañero con el teclado, hasta dejarlo en el piso con la cabeza hecha una pulpa, inmóvil, sobre un charco espeso de su propia sangre.

La vuelta a tu casa, es igual y hasta más de tortuosa que la ida. Porque mientras que en la ida viajas incrustado como si fueses una pieza de tetris, al tiempo que los orangutanes que viajan con vos te preguntan una y otra vez “¿bajás?” sin importar la posición en la que te encuentres, la vuelta incluye exactamente lo mismo con la diferencia de que suma a algún músico ambulante. Esto es genial, porque de seguro no hay nada más placentero que hacer la vuelta a tu casa, al tiempo que un flaco te canta Los Chalchaleros en la oreja; o que un vendedor ambulante te haga escuchar un combinado con los mejores melódicos de 2016. Todo eso con 40° de térmica. Magistral.

Los amigos también suelen ser un inconveniente por estas fechas. Engañados desde pequeños por sus padres con la idea de que los días calurosos hay que salir a disfrutarlos al aire libre con amigos bajo el sol, y si es posible en una playa, lejos de facilitarte la vida te la terminan complicando aún más.

A ver, intentaré ser lo más claro posible. Lo que para vos es un “lindo día”, así, todo feliz tomando sol en medio de los pajaritos como un idiota, para mí es un momento de angustia y miseria que no voy a poder recuperar nunca.

Lo mismo pasa si me invitan a vacacionar en una playa. Simplemente no es lo mío. Son mis vacaciones, lo único que quiero es perderme en las montañas, acampar frente a un lago y por las noches disfrutar de un buen libro, sentado contra la corteza de un árbol, mientras oigo crepitar las llamas de mi fogata, con el sonido de unos grillos de fondo. Hijo de puta andá vos a fumarte la arena, el sol y toda esa horda de gente molesta que no hace otra cosa más que generar calor, con un forro que cada dos por tres pasa gritando “¡¡hay gaseosa, sombrilla, palito bon o bon helado!!” Quiero a toda esa gente bien lejos de mí, y a vos también si es posible.

Les juro que al tiempo que escribo estas líneas para poder compartirlas con ustedes, tengo que el aire en 22 y un ventilador de metal con el botoncito de mayor velocidad presionado, y aun así tengo calor.

Hoy durante el día me bañe cuatro veces y aun así tengo calor.

Me voy a ir a dormir pensando en el calor que va a hacer mañana y que cuando me levante seguramente me tenga que cambiar, como todos los días, con el ventilador apuntando directamente hacia mi cuerpo mientras me pongo la camisa que –como todos los días- va a parecer una cartulina.

Te odio verano, odio todo lo que representas. Odio a la gente que te disfruta, odio la playa, te odio a vos que estás leyendo esto y por sobre todas las cosas, odio mi existencia.

“Bueno W, pero a mí no me odies, yo odio el calor tanto como vos, venga ese abrazo compadre”.

No me interesa, y no te me acerques porque te pego dos tiros. Andá a llevar tu cariño y tu calor corporal a otra parte. Subnormal.

jueves, 9 de febrero de 2017

El otro día intenté ayudar a un amigo...y fallé miserablemente

Si hay algo que jamás pude hacer es autodefinirme como persona. Y no porque carezca de la capacidad y/o recursos para hacerlo, sino porque siempre lo vi como algo muy pretencioso. Andar por la vida describiendo mí forma de ser a cuanto individuo se me cruce y de alguna manera justificar mi manera de proceder es algo que sencillamente no va conmigo.

Hablar poco y nada sobre mi persona fue lo que tal vez hizo que se desarrollara más mi capacidad para escuchar a los demás –amigos, familiares, lo que sea-. Prestarles un oído y tiempo libre para que me cuenten sus problemas y posteriormente tratar de aportar alguna idea que les ayude a resolverlos.

El otro día justamente, un amigo me comentaba que estaba atravesando momentos difíciles con su pareja actual. Me llamó por teléfono y quedamos en encontrarnos en el barcito que está a dos cuadras de mi trabajo para charlar un poco sobre el asunto y de paso ponernos al día con los distintos tópicos.

Con la cerveza a menos de la mitad y la bandeja de manís vacía, mi amigo se me acerca y prácticamente en un susurro, apenas audible, me dice: “Con Camila esta todo mal, nos estamos por separar”.
“Bueno, sepárense,” le digo yo y le hago una seña al mozo para que nos traiga la cuenta. Listo, pensé que la cosa moría ahí pero no. Resulta que el tipo se pone mal y comienza a lanzar imprecaciones hacia mi persona, diciendo que soy un sorete sin sentimientos entre otras vejaciones, por lo cual decido quedarme para que me cuente con lujo de detalles la versión “extendida + comentarios” de su melodrama. Maldita amistad.

Cuestión que después de haber hablado durante horas, todo para que yo termine diciéndole a mi amigo las cosas más trilladas estilo “dale tiempo” “vas a ver que después ella te va a llamar,” entre otras huevadas más, que a fin de cuentas era lo que él quería escuchar, llego a mi casa con el solo propósito de darme un ducha y acostarme a dormir, pensando que todo el asunto había llegado a su fin y que había desempeñado mi rol de amigo de manera impecable.

Pobre iluso.

Me acuesto a dormir solo para despertarme de un sobresalto en medio de la penumbra y divisar con la vista medio entorpecida que la pantalla led de mi celular se había encendido. Lo cual solo podía significar una cosa: alguien me estaba llamando por teléfono.
Me fijo la hora y eran exactamente las tres de la mañana. Lo raro es que yo el celular siempre lo tengo silenciado, por lo que no puedo decir que fue el timbre del teléfono lo que me despertó. Fue algo muy extraño, por un momento me acorde de aquella escena de la película El exorcismo de Emily Rose, cuando Jennifer Carpenter se encontraba durmiendo plácidamente en su dormitorio de la universidad y de repente se despierta también justo a las tres de la mañana ¿se acuerdan? Resulta eran varias entidades demoniacas que se le estaban metiendo en el cuerpo. Excelente película, si no la vieron deberían hacerlo. Pero a donde quiero ir realmente es a la escena en sí. Porque si algo me enseño dicha escena es que cualquier cosa que te despierte a las tres de la mañana no puede, de  ninguna manera, tener buenas intenciones.

Y en efecto, no estaba equivocado. Era este tipo. Mi amigo. Que evidentemente había tenido una baja emocional y no tuvo mejor idea que llamarme por teléfono. Como si mi casa fuese un centro de asistencia para gente emocionalmente desequilibrada.
No atendí, por supuesto. En un par de horas me tenía que levantar para ir a trabajar por lo que me limite a girar hacia el lado de la pared de mi cama para volver a conciliar el sueño.

Al día siguiente, en el trabajo recibo dos llamadas y varios mensajes de parte de mi amigo. Todos iban más o menos por el lado de “Hola” “¿estás?” “avísame cuando estés”.
El problema con los amigos, creo yo, es que tienden a tomarse demasiado en serio aquella célebre frase “los amigos están en las buenas y sobre todo en las malas.” El problema con esta frase es que el subnormal que la invento, claramente era un vago con aires de bohemio revolucionario que no tenía un pito que hacer de su vida. La frase completa tendría que ser “los amigos están en las buenas y sobre todo en las malas…pero no abuses, no seas un pelotudo absorbente carente de la más mínima pizca de ubicación y anda a laburar, escoria social.”

Como no tuve oportunidad de responderle por obvias razones –estaba trabajando-, no me sorprendió en lo absoluto encontrarme con varios mensajes suyos al abrir mi cuenta de Facebook:

-W!!!!! - 3:15 AM
-¿Andas por ahí? - 8:30 AM
-Por favor háblame cuando estés que necesito hablar con vos – 13:30
-¿W? - 14:20
-??? - 15:45

Los mensajes tenían ese toque de desesperación mezclado con pánico y patetismo que siempre habían caracterizado a mi amigo. A ver, como podría explicarlo para quienes no lo conocen. Javier es de esas personas con la cualidad de avergonzarse a si mismo en cualquier situación sin importar contexto y/o formato. La imbecilidad que define su persona es capaz de percibirse incluso a través de un triste mensaje de texto.

Por supuesto que a mí no me basto más que leer sus mensajes para saber que mi amigo Javier había sido despojado por completo de la poca dignidad que alguna vez tuvo, y que se encontraba más allá de toda salvación posible.

Aun así, se ve que la llama de la amistad continuaba ardiendo dentro de mí. Porque sentí aquel último impulso de intentar revertir lo irrevertible, de recuperar lo irrecuperable. Un esfuerzo final por hacer entrar en razón a mi amigo, cuando bien sabía que la batalla estaba perdida hace rato.

Fue así como dio inicio mi odisea:


-Hola, Javier.

-Hola W ¿Cómo estás?

-Bien, ¿vos?

-Y maso…te mande mensaje hoy ¿Lo viste?

-MensajeS. Si, los vi. Estuve tapado de trabajao hoy, por eso no te pude responder ni los mensajes, ni las llamadas.

-Ah ok, ¿y ahora podes hablar?

-Digamos que si ¿Qué pasó?

-Es que ahora no se si decirte jaja.

-¿Me estas jodiendo? Dale, decime que pasó.

-Es que vos vas a decir que soy un boludo seguramente.

-No sé si seguramente, pero posiblemente.

-Jajajajajajaja

-Javier.

-¿Qué?

-Dale, decime. No esperes a que sean las cuatro de la mañana para llamarme por teléfono

-JJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA 

-Psicópata

-Perdón =(
Es que necesitaba hablar con alguien

-Bueno entonces dale, decime porque si no me voy a dormir y no te pienso atender el teléfono. Tiene que ver con Camila ¿no?

-Si

-….
Camila AGAIN Parte 20

-No seas así, estoy mal

-Créeme si te digo que se nota bastante. ¿Y qué pasó? ¿Te llamó?

-No, yo la llame.

-Pero ¿Javi sos boludo? Te dije que esperaras a que te llame ella. ¿Me explicás para qué mierda la llamaste vos?

-Porque no me respondía los mensajes.

-No te la puedo creer.

-¿Qué?

-¿Cómo “”QUE””? Encima que no te responde los mensajes, lo cual es una clara señal de que no tiene ganas de hablar con vos, vas y la llamas por teléfono. A veces te juro Javito, que pareciera que entrenaras para ser pelotudo.

-Bueno pero tampoco me digas así que no me gusta.

-Pero de verdad te digo, Javi. ¿Hace cuánto que estamos con este tema?

-Y…ya hace más de tres años que estamos con Cami.

-Y en estos tres años ¿Cuántas veces se pelearon? ¿500 veces?

-Ves??? Ya empezas a bardear!!

-Hace la cuenta boludo, yo lo único que quiero es ayudarte. Mirá, a razón de pelearte día por medio nos da un total de 546 discusiones en tres años.

-Bue

-Man, de verdad, sacá las cuentas. Ahora multiplica esos 546 por el número de veces que me habrás llamado a mí y te va a dar un promedio de aproximadamente 1638 llamados.

-Pensé que éramos amigos, si querés te pago las consultas. Disculpa.

-Y somos amigos Javi, pero hay algo que tenes que entender de una vez: ella no te quiere.

-Al final no se para que te cuento todo esto si sabía que ibas a terminar pensando que soy un boludo.

-No creo que seas un boludo en lo absoluto.

-¿De verdad me decís o estas siendo sarcástico?

-Te lo digo de verdad, porque hasta para ser un boludo hay límites. Lo tuyo ya es más de chimpancé retardado.

-Eeeeeeeh, bueno ahí ya me parece que te estas yendo bastante a la mierda.

-Para nada, te lo digo así porque sos mi amigo y te quiero.

-Bue, perdona. Lo que pasa es que todo este asunto me tiene muy angustiado y me ya me la agarro con cualquiera. No te enojes.

-No me enojo Javi, estoy para ayudar.

-¿Sabes que creo yo?

-¿Qué?

-Que esta con otro flaco.

-¿Vos decís?

-Si, un tal Marcos, compañero del laburo.

-Entonces misterio resuelto.

-¿A que te réferis?

-A que no te atiende el teléfono justamente porque debe estar teniendo sexo con este Marcos. Seguramente en este preciso momento.

-Boludo no me lo digas así que me muero!!!!! PERO ANTES LA MATO A ELLA TE JURO!!!!

-Tampoco la pavada, tiene solución.

-¿Si? Boludo te juro que a veces pienso que me estas boludeando.

-Me ofendes Javi.

-Bueno entonces decime ¿Qué hago? No paro de pensar loco, tengo la cabeza que me explota. Puse la música a todo trapo para ver si me despejo un poco pero no hay caso.

-Que no cunda el pánico. Escucha Javi ¿Cómo venís de memoria en el cel?

-¿Eh?

-La memoria interna del celular ¿Cuánto tenes de espacio?

-Ah, eso, tengo banda ¿por?

-Listo entonces, bajate el Tinder.

-El Tinder????????????

-Bueno, el Badoo.

-PERO LA CONCHA TUYA!!!!!

-Es que no sé de qué otra forma te puedo ayudar. No puedo ir hasta la casa de Camila, y a punta de pistola obligarla a que te responda los mensajes. Mas si esta con este otro muchacho. Cosa que no me extrañaría por cierto…

-Eh??? ¿¿¿Por qué lo decís???

-Ay Javier, por favor.

-????????????

-En el barrio la gente comenta.

-QUE COSA???????

-Que paso de mano en mano Camila.

-Naaah, estás diciendo cualquiera, una cosa es que me forrees a mí, pero no te voy a permitir que hables así de Cami.

-Javi

-No boludo salí.

-Minotauro te dicen en el barrio.

-ANDÁ A CAGAR PELOTUDO.

-Si vos mismo me estás diciendo que crees que te engaña con un compañero de laburo ¿Por qué se te hace tan difícil pensar que te haya sido infiel antes?

-Boludo me lo estás diciendo en serio??? SE ME CAEN LAS LAGRIMAS CHABON YO YA NO PUEDO MAS DECIME QUE ES UNA JODA. TE JURO QUE LA VOY A MATAR Y DESPUÉS ME MATO YO!!!!

-No hagas locuras, Javi.

-No me vengas con eso chabón, que ya no te creo una mierda. Lo único que hiciste desde que empezamos a hablar fue tomarme el pelo!!

-¿Vos pensas que me tomaría todo este tiempo para hablar con vos si no me importaras? Yo lo único que busco es tu felicidad.

-No se…necesito tiempo para procesar todo esto. No me la quiero agarrar con vos chabón, en serio. Perdoname.

-No pasa nada Javi, para eso son los amigos. De última si te queda remordimientos después me compras una grande muzzarella.

-Bue…jajaj está bien, que fácil es comprar tu perdón.

-Siempre me caractericé por mi humildad, lo sabes. Además, cualquier cosa con tal de verte bien.

-JAJAJAJA sigo pensando que me estas boluedando chabón.

-Never in the life.

-¿Y con Camila? ¿Qué sugerís que haga con ese tema?

-Es que no se puede hacer nada. Lamentablemente la traición es una herida que cierra nunca.

-No me digas eso que me matas!!

-Vas a tener que vivir con ello Javi, te lo digo así porque te quiero. Los gemidos de Camila teniendo sexo con su nuevo novio, es algo que quedara retumbando en las profundidades de tu imaginación, por siempre. Pero acá va estar tu brother, para darte ánimos, vas a ver.

-Sos un hijo de puta. Ya no tengo más dudas.

-No seas así Javi. Quiero que seas feliz.

-Andá a la puta que te parió!!!!

(Me bloquea)

Quiero dejar esta conversación así, como registro de que di todo de mí para ayudar a mi amigo Javi. Pero lamentablemente hay gente simplemente no se deja ayudar.
Esa misma noche volvimos a tener una última conversación telefónica donde me dejo bien en claro que nuestra amistad había llegado a su fin.

Más tarde le mandé un mensaje para preguntarle si por lo menos me iba a mandar la pizza, pero no me respondió.

No importa. Puede que haya dado todo por un amigo y a cambio recibí una daga enterrada en el corazón pero está bien, sé que hice todo por ayudar y esta noche voy a dormir con la conciencia limpia.

Donde quiera que estés Javi, quiero que sepas que no te guardo ningún rencor. Un abrazo, hermano.