miércoles, 15 de noviembre de 2017

El otro día fui a donar sangre

El rechazo que sufre uno cuando quiere hacer una buena acción, es una puñalada directa al corazón que muy rara vez llega a cerrar. Y cuando lo hace, no lo hace por completo sino que deja una grieta de dolor marcada en el alma hasta el fin de los tiempos.

Al menos es lo que sentí yo tras vivir una experiencia bastante desagradable que no le desearía ni al peor de mis enemigos.
Esto tómenselo de manera metafórica, porque decidir quién es hoy en día mi peor enemigo –teniendo una lista interminable, cuyo cierre, al parecer, no tiene ni siquiera una fecha tentativa- es prácticamente imposible.

Quiero ser lo más breve posible con esto así que procedo a narrarles mi última odisea. Y digo última porque espero sinceramente que así lo sea. A veces me pregunto por qué el destino construyó un camino tan duro e implacable para que yo transite por esta vida. Un camino plagado de dolor y sufrimiento.

Resulta que la semana pasada me acerqué al hospital para donar un poco de sangre. Y debo confesar que me sorprendió bastante el hecho de que cuando una persona dice que va a “donar sangre” realmente está hablando de una donación. Porque yo siempre pensé que se vendía. De verdad les digo. Y utilizar en su lugar la palabra donar era tan solo una mera forma de decorar tan humilde y noble gesto.
Repito, de esto yo me entero recién la semana pasada, cuando me acerco al hospital y casi de manera tímida le pregunto a la chica del mostrador:

“Disculpe, ¿A cuánto están comprando la gota de sangre?”

La chica un poco más me escupe en la cara el agua tónica que estaba tomando del ataque de risa que le agarró. Me explica que en ningún hospital con dos dedos de frente comprarían sangre y que las donaciones para hacer están abiertas a todo aquel que quiera colaborar, haciendo mucho énfasis en esta palabra, casi rechinando los dientes, como si estuviese conteniendo unas terribles ganas de saltar el mostrador y cagarme a trompadas ahí mismo.

“Mirá, la sangre es para un amigo que está internado en este hospital,” le digo. A lo que la chica me responde que antes de hacer cualquier tipo de donación me tenía que someter a una serie de controles básicos.
“¿Con diez gotas alcanzará?” le pregunto con total franqueza porque honestamente no tenía idea, ya que era la primera vez que iba a donar sangre. Pero la chica evidentemente se lo tomo mal, y cuando digo mal quiero decir que se lo tomo para el ojete porque ni bien termino de pronunciar las palabras me pregunta si soy retrasado mental o si simplemente era un sorete de ser humano.

Resulta que las donaciones de sangre por lo general rondaban en los 450 centímetros cúbicos. Pero bueno, yo no lo sabía. ¿No me lo podía explicar de buena manera? ¿Era necesaria la agresión?

Cuestión que luego de terminar con los chequeos para donar la cantidad precisa, pregunto si podía pasar a ver a mi amigo, quien si bien se había tenido que someter a una operación bastante simple, el susto siempre está.

Porque claro, me olvidé de contarles. A mi amigo la semana pasada lo atropelló un coche y le tuvieron que amputar las dos piernas.

Entro en la habitación y ahí lo veo a mi amigo Wilfredo, acostado con sus dos muñones extendidos sobre la cama. “Andate,” me dice apenas me ve asomar la cabeza por la puerta. Su voz era débil y rasposa. Casi un susurro.
Ustedes se imaginaran la puñalada de dolor emocional que sentí en ese momento al ver que mi amigo me estaba recibiendo de esa forma. Justo después de haber donado mí preciada sangre a efectos de contribuir a su recuperación sin tener obligación de hacerlo.

“Vine a donarte un poco de sangre porque me dijeron que necesitabas una transfusión,” le explico.
“Antes de tener sangre tuya corriendo por mis venas prefiero estar muerto,” me dice Wilfredo. Admito que es remarcable como a pesar de estar tan débil para hablar, se las ingenió para cargar cada palabra con un profundo odio y desprecio. Como si yo fuese el responsable de que se encontrara en ese estado.

Bueno al menos eso es lo que piensa el, porque en cierta forma Wilfredo me culpa a mí de lo que le pasó.

Porque esto tampoco se los conté. El que lo atropelló fui yo. Y cuando digo atropello quiero decir que lo pase por encima. Pero fue un accidente, no lo hice a propósito.

Yo puedo entender que Wilfredo haya tenido un mal día, porque vamos a decir la verdad, que te corten las piernas es un embole, pero me parece que echarme la culpa a mí es buscar la solución más cómoda y fácil. Porque él sabía muy bien que yo no sabía manejar. Y si bien yo le insistí para que me dejara usar su auto porque le dije que estaba con intenciones de sacar el registro, si él fue tan irresponsable de acceder es un tema de él.

Sí, capaz que yo estuve mal en negarme a que se sentara al lado mío para ir aconsejándome mientras yo aprendía. Pero no lo hice de mala leche, sino que como de chico mi papá me había llevado a andar karting, pensé que más o menos iba a ser lo mismo. No es que yo lo quise pasar dos veces por arriba porque soy una mala persona. Fue un accidente.

Sí, eso también me estaba olvidando de decirles. Lo pise dos veces. Una al momento de arrancar y después cuando hice marcha atrás para estacionar.
Yo ya cuando escucho ese crujido que hacen los huesos al ser aplastados bajo las llantas de un auto, supuse que algo estaba haciendo mal. Alguna cagada me había mandado. Así que de la bronca dije “Bueno, por lo menos voy a tratar de dejarlo bien estacionado.” Todo esto mientras Wilfredo que estaba atrás,  o mejor dicho abajo, al grito de “¡Pará! ¡Pará que me vas a matar hijo de re mil puta!” me pedía que me detuviese.

Pero lamentablemente no hago tiempo a frenar y ahí es cuando escucho el segundo CRUNCH, seguido de una serie de reputeadas que después pasaron a transformarse en desgarradores gritos de dolor.
Porque si la angustia que yo estaba sufriendo en esos momentos intentando estacionar el vehículo no era suficiente, el señor no tuvo mejor idea que empezar a gritar e insultarme, así yo me ponía más nervioso de lo que ya estaba.

De mas esta decir que no solo me insultó Wilfredo, sino también sus padres, quienes salieron de la casa corriendo y sin preguntar por lo menos que había pasado, me empezaron a decir de todo. El padre sin lugar a dudas fue el peor, ya que ni siquiera tuvo la decencia de llevarme con su auto, por lo que me tuve que pedir un remís para volver a mí casa.

Yo creo que la culpa la tuvimos los dos, tal vez el un poco más que yo, pero lo importante en esos momentos no era encontrar un culpable sino una solución. Motivo por el cual en esos momentos yo me encontraba en esa habitación con él, haciendo a un lado todas nuestras diferencias.

Pero no hubo caso. Wilfredo no solo no quiso recibir la transfusión sino que llamó a la enfermera para decirle que me echara y que bajo ningún motivo me permitiera ingresar nuevamente en la habitación.

Después de eso, totalmente humillado y con el corazón hecho pedazos, me fui a buscar al médico que había realizado la extracción para preguntarle si no me podía volver a meter la sangre en el cuerpo. Ya que mi amigo se había negado a recibir la transfusión.

Ahí es cuando me termino de dar cuenta que la buena atención no era precisamente el punto fuerte de los empleados de aquel hospital, porque me puso una cara de asco tremenda y como si estuviese aguantándose unas incontenibles ganas de vomitarme en la cara me dice que eso no era posible, pero que si quería, podía donar la sangre al hospital ya que seguramente le iba a servir a otra persona.

“Por $100 es suya,” le digo yo, con toda la buena voluntad y humanidad posible. Pero el médico, muy orgulloso, se negó y cordialmente me pidió que me fuera antes de que me clavara el bisturí en el ojo pidiéndome además, y cito, que me llevara mi inmunda y putrefacta sangre conmigo.

Y así fue como volví a mi casa. Con la bolsita de plástico debajo en el brazo, preguntándome porque la vida me hacía sufrir de esta manera cuando lo único que hago es desvivirme por ayudar a los demás y hacer el bien.




martes, 24 de octubre de 2017

El otro día me inscribí a un curso de Instagram

Me acuerdo que cuando recién había salido a la venta el palito para sacarse selfies, automáticamente pensé que había algo que estábamos haciendo mal. No como sociedad, si no directamente como seres vivos con materia gris adentro de la cabeza. Algo no estaba bien, claramente. Porque por algún motivo sentía que estábamos atravesando por un proceso de retrocesión intelectual, el cual nos llevaba a compararnos con el australopithecus.

Sin embargo debo decir que lo que presencie hace unos días en Facebook, lejos de asombrarme me dejo bastante preocupado. Está bien. Boludos hay y los habrá siempre. Lo alarmante es cuando aparece gente con los instintos más bajos que te puedas imaginar, sin escrúpulos y una carencia total de empatía, que entran en escena para aprovecharse de la ausencia total de neuronas que presentan algunas personas.

El otro día me encontraba en mis oscuros aposentos, viendo de corrido la trilogía de El Señor de Los Anillos versión extendida cuando de repente me llega un mensaje de Claudia, una amiga quien hace poco se había hecho una cuenta de Instagram.

Abro el mensaje y resulta que era una imagen publicitaria de una página que aparentemente se dedicaba a vender cursos de Instagram por Facebook. Sobra decir que esto lo hizo con el fin de consultar cual era mi opinión sobre la autenticidad de la página en cuestión.

“Mirá, si pago y después resulta que era un curro para sacarme la plata,” me escribe preocupada.

A mí sinceramente me preocupó más el hecho de que seguramente la página era autentica y que al otro lado del monitor realmente existían seres que querían que les dieran dinero por decirle a la gente como ponerle un filtro a una foto que te sacas en el baño semi en pelotas. Sin lugar a dudas mi amiga Claudia estaba en lo cierto y todo se trataba, de una forma u otra, de un curro.

Antes de que hiciera algo, le dije a mi amiga que esperara a que me pusiera en contacto con esta página a fin de poder conseguir algo de información que le ayudara a decidir si finalmente iba a requerir de sus servicios o no.

Me hice una cuenta falsa y le mande un mensaje privado. La conversación fue…bastante fluida. Y si bien no fue modificada, por obvias razones decidí no revelar el nombre real de la página, por lo que la misma va a figurar en la conversación que leerán a continuación simplemente como “Cursos de Instagram.”



Edgardo De la Fuente: Buenas

Cursos de Instagram: ¡Hola Edgardo! ¿Cómo estás?

Edgardo De la Fuente: No muy bien que digamos, la verdad.

Cursos de Instagram: Me apena mucho escuchar eso :(

Cursos de Instagram: O leer, en este caso ;D

Cursos de Instagram: ¿Qué te anda sucediendo?

Edgardo De la Fuente: No me estaría yendo muy bien con mi cuenta de Instagram. Y es precisamente ahí donde entrás vos. O ustedes. Porque calculo que deben ser más de una persona las que administran la página.

Cursos de Instagram: Estas en lo cierto, Edgardo. Hay todo un equipo de profesionales trabajando detrás de la página, y el objetivo es justamente poder ayudarte en lo que sea que necesites.

Edgardo De la Fuente: Ojala puedan, la verdad. Porque te juro que a veces pienso en cerrar directamente la cuenta y mandar todo a la mierda.

Cursos de Instagram: Jajajajaja, bueno pero tampoco da para que te pongas así. ¿Cuál es el problema que tenes con la cuenta?

Edgardo De la Fuente: La cuenta funciona perfectamente. El problema soy yo, que soy un asco.

Cursos de Instagram: Nooooooo, ¡no digas eso!

Edgardo De la Fuente: Es la verdad. No logro hacer que ni una sola foto llegue por lo menos a los 5 likes.

Cursos de Instagram: Bueno pero eso es súper normal al principio, no tenes que ponerte mal. Decime, ¿hace cuánto creaste la cuenta?

Edgardo De la Fuente: Unos seis meses. Creo.

Cursos de Instagram: No es tanto. Al principio siempre cuesta. Es hasta que le agarres la mano y te vas haciendo cada vez más seguidores.

Edgardo De la Fuente: Es que no me sigue nadie, ese es el problema. Tengo dos seguidores. Uno era mi mamá, pero la bloqueé la semana pasada.

Cursos de Instagram: Claro. Y a ver decime, ¿Qué tipo de fotos solés subir?

Edgardo De la Fuente: Últimamente no estuve subiendo mucho, pero la última vez subí una foto de un café que me tome en Starbucks. Y nada, la foto quedó muerta ahí. Sin likes, sin comentarios, sin nada.

Cursos de Instagram: Te entiendo, ¿Y a qué hora la subiste por casualidad?

Edgardo De la Fuente: ¿La hora? A ver, aguantame que me fijo.

Cursos de Instagram: =)

Edgardo De la Fuente: 12:35

Cursos de Instagram: Claro. Mirá Edgardo, lo ideal sería que si vas a subir la foto de alguna comida que comas durante el desayuno, lo hagas por la mañana. Ya que es el horario que comúnmente elige la gente para compartir ese tipo de fotos.

Edgardo De la Fuente: Sí, pensé en eso que decís, pero la verdad es que tampoco quiero parecer un psicópata, viste.

Cursos de Instagram: No pasa por ser un psicópata. En el mundo de las redes sociales todo se reduce al trending. Los temas que son más populares. Si no te sentís como subiendo fotos de comida podes probar otra cosa. Fijate cuales son los hashtags que más usa la gente.

Edgardo De la Fuente: ¿Eso lo enseñan ustedes en la cursada?

Cursos de Instagram: El propósito de los cursos es brindarte las herramientas necesarias para que vos después puedas usar los hashtags de la manera más adecuada posible y de esa forma, conseguir una mayor cantidad seguidores y aumentar tu popularidad en la red.

Edgardo De la Fuente: Suena interesante. Sí, lo más seguro es que termine anotándome. Le quiero dar una oportunidad a este curso. A mi cuenta. Y más que nada, a mi mismo.

Cursos de Instagram: ¡No te vas a arrepentir, Edgardo!

Edgardo De la Fuente: Me imagino que no. ¿Te puedo hacer una pregunta?

Cursos de Instagram: ¡Obvio! Para eso estoy.

Edgardo De la Fuente: ¿Cómo te llamas? Es que por Facebook solo me figura el nombre de la página.

Cursos de Instagram: Julieta :D

Edgardo De la Fuente: Encantado, Julieta.

Cursos de Instagram: Igualmente :D

Edgardo De la Fuente: ¿Me podrías comentar como son los aranceles de los cursos?

Cursos de Instagram: ¡Cómo no! Te comento Edgardo que los cursos se brindan por Skype, tres veces por semana y tienen un valor de $2.498 por mes.

Edgardo De la Fuente: Un precio más que justo, si me va a garantizar el éxito en Instagram.

Cursos de Instagram: Si sos constante, vas a empezar a ver los resultados más pronto de lo que pensas.

Edgardo De la Fuente: Espero, porque la verdad estoy cansado de poner el despertador a las seis de la mañana para levantarme temprano y darle like a las fotos que suben las cachorras. Todo para que al final me bloqueen.

Cursos de Instagram: Jajajajaja ¡Que exagerado!

Edgardo De la Fuente: No te rías que no es broma, Julieta. Siempre me dicen algo de pajero o algo de pelotudo y me terminan bloqueando.

Cursos de Instagram: ¿Pero vos que les pones?

Edgardo De la Fuente: Nada, que están buenas. Nada más. Y ya con eso se ofenden.

Cursos de Instagram: Bueno, a veces la gente suele tomarse los elogios de distintas maneras.

Edgardo De la Fuente: No las defiendas Julieta, son unas hijas de puta.

Cursos de Instagram: OOOOOOOK

Edgardo De la Fuente: En fin, volviendo al tema de los cursos, me llama poderosamente la atención que sean por Skype. Hubiese jurado que iban a ser presenciales.

Cursos de Instagram: Todos nuestros cursos se brindan de manera online, Edgardo.

Edgardo De la Fuente: Qué raro.

Cursos de Instagram: ¿Por qué raro?

Edgardo De la Fuente: No, por nada. Y decime, ¿Esto cómo se paga? ¿Tienen alguna oficina por la cual me pueda acercar?

Cursos de Instagram: Tenemos una oficina pero es más que nada para temas administrativos. No está abierto al público. El pago lo haces por tarjeta de crédito. Los primeros dos meses tenes un descuento del 10% si abonas con Visa.

Edgardo De la Fuente: Claro, pero entonces ¿nunca nos encontramos personalmente?

Cursos de Instagram: Podes acercarte al final de la cursada para retirar tu certificado. Aunque por lo general solemos mandarlo por mail.

Edgardo De la Fuente: Ya veo.

Cursos de Instagram: ¿Cuál es tu duda, Edgardo?

Edgardo De la Fuente: En realidad ninguna ahora que me estas comentando esto. Es solo que pensaba en algo más personal.

Cursos de Instagram: Mirá, si tenes dudas sobre si somos confiables o no, en nuestra página de Facebook están las referencias de todos nuestros clientes para que despejes todas tus dudas y te quedes más tranquilo.

Edgardo De la Fuente: No hace falta, ya me quedo todo bastante claro.

Cursos de Instagram: ¡Genial! :D

Edgardo De la Fuente: Lo que sí, me da un toque de desconfianza hacerte el pago y que después no me llegue el producto, viste.

Cursos de Instagram: No te estaría entendiendo.

Edgardo De la Fuente: Me refiero a la entrega.

Cursos de Instagram: ¿Entrega de qué? Si te referís a los cursos, ya te dije que no son presenciales.

Edgardo De la Fuente: No, no hablo de los cursos. Pensé que nos estábamos entendiendo.

Cursos de Instagram: Mirá, no te lo tomes a mal, pero la verdad que no estoy entendiendo a donde queres llegar, ni a que te estas refiriendo.

Edgardo De la Fuente: De la entrega te hablo, Julieta.

Cursos de Instagram: ¿Qué entrega?

Edgardo De la Fuente: Hace más de media hora que venimos hablando. Pensé que a esta altura ya había pasado la prueba.

Cursos de Instagram: ¿Me estas cargando?

Edgardo De la Fuente: Nunca me gustaron las bromas.

Cursos de Instagram: ¿Entonces de que prueba me hablás?

Edgardo De la Fuente: Me refiero a que creo haberte dejado bien en claro que quiero comprar.

Cursos de Instagram: No te entiendo, ¿Qué queres comprar?

Edgardo De la Fuente: “Los cursos.”

Cursos de Instagram: Ya te dije, pagas con tarjeta y se dan por Skype. ¿Me estas tomando el pelo?

Edgardo De la Fuente: A mí me parece que la que me toma el pelo sos vos, que te pones a jugar con mi tiempo. Te dije que quiero comprar. Por eso estaría bueno que cerremos el tema de la entrega cuanto antes.

Cursos de Instagram: ¿¿Pero entrega de qué??

Edgardo De la Fuente: De la mercadería.

Cursos de Instagram: A vos te falla me parece.

Edgardo De la Fuente: ¿Me equivoque de página entonces?

Cursos de Instagram: Me parece que le pifiaste mal.

Edgardo De la Fuente: Claro, es eso, o vos te haces la desentendida para seguir probandome.

Cursos de Instagram: ¿De qué hablas flaco?

Edgardo De la Fuente: ¿No venden drogas ustedes?

Cursos de Instagram: ¿¿¿QUEEEE???

Edgardo De la Fuente: Listo, ya está. ¿Podemos hablar sin vueltas ahora?

Cursos de Instagram: Sos un tarado, ¡¡Nosotros no vendemos drogas!!

Edgardo De la Fuente: Veo que vas a seguir fingiendo.

Cursos de Instagram: Mira, vos debes ser un tarado o un desubicado. Te digo que nosotros no vendemos droga, no sé qué te habrás fumado para salir con eso.

Edgardo De la Fuente: Es que todavía no me fume nada, ese es el problema. Y la culpa la tenes vos, que no me queres vender.

Cursos de Instagram: Vos estás mal de la cabeza.

Edgardo De la Fuente: ¿Por qué? ¿Por qué te quiero comprar?

Cursos de Instagram: Anda a comprar a otro lado, nosotros no vendemos drogas. No somos delincuentes.

Edgardo De la Fuente: ¿Vos de verdad me queres hacer creer que ustedes realmente se dedican a dar cursos de Instagram por Skype, y que la gente les paga por eso? Si no me queres vender Julieta, todo bien, pero no me tomes por idiota, te lo pido por favor.

Cursos de Instagram: Es que la verdad creo que sí sos un idiota por andar pensando que la gente anda vendiendo drogas por Facebook.

Edgardo De la Fuente: ¿A vos te parece que la gente no utiliza las redes sociales para vender drogas e incluso cosas mucho peores?

Cursos de Instagram: Puede ser, ¡Pero nosotros no! ¡Cortála de una vez!

Edgardo De la Fuente: La verdad creo que no tiene sentido que sigamos hablando.

Cursos de Instagram: La verdad que no.

Edgardo De la Fuente: Pasáme con un tu supervisor por favor, o dame algún mail por donde me pueda poner en contacto con él.

Cursos de Instagram: ¿Qué supervisor?

Edgardo De la Fuente: El supervisor de Drogas.

(Me bloquea)


Al día siguiente le vuelvo a hablar. Obviamente desde otra cuenta.


Facundo Ortiz: ¡Buenas, buenas!

Cursos de Instagram: ¡Hola, Facundo!

Facundo Ortiz: Quería consultar por los cursos de Instagram.

Cursos de Instagram: Facundo: Te comento que los cursos se brindan por Skype, tres veces por semana y tienen un valor de $2.498 por mes. En caso de abonar con visa tenes un descuento del 10% en caso de pagar los primeros dos meses juntos.

(Si bien no tenía la certeza de que la persona que me estaba hablando era la misma que ayer, asumí que muy probablemente tras la última conversación con Julieta, tuvieron una reunión en su cuartel general donde acordaron ser lo más breve posible a fin de evitar que las conversaciones se vuelvan tan extensas y tediosas. Por lo que directamente me responde pegando un mensaje predefinido).

Facundo Ortiz: Ah, bueno, genial. Mirá, el dinero no sería problema porque a mi familia le sobra por suerte. Lo que si necesito es que me confirmes si estos cursos son realmente efectivos.

Cursos de Instagram: A ver, ¿vos que buscas precisamente con la cuenta?

Facundo Ortiz: Quiero juntar seguidores, y que las fotos que subo tengan la mayor cantidad de likes posibles, ¿se podrá?

Cursos de Instagram: ¡Si, obvio! Decime Facundo, ¿Qué tan constante soles ser con las subidas a Instagram?

Facundo Ortiz: Y mirá yo trato de que la cuenta este siempre activa, viste. Por lo que subo fotos todo el tiempo. Apenas me levanto lo primero que hago es sacarme una selfie, pero nadie le pone me gusta.

Cursos de Instagram: ¿Probaste con ponerle filtros a las fotos?

Facundo Ortiz: A todas les pongo filtro. Ayer fui a desayunar a Las Cañitas en lugar super top, super caro, me pedí una tostada y el mozo ni termino de ponérla en la mesa que ya le había sacado una foto. ¿Sabes cuantos likes conseguí?

Cursos de Instagram: Jajajajaj ni idea, ¿Cuántos?

Facundo Ortiz: Cero. No sé de qué carajo te estas riendo la verdad.

Cursos de Instagram: Bueno, te pido disculpas. Mirá, quédate tranquilo Facundo que la idea del curso es justamente ayudarte a que sepas cuales son los mejores filtros para cada tipo de foto y los horarios que por lo general suelen tener un mayor número de vistas. Por ejemplo si vas a compartir la foto de un desayuno lo ideal sería que la subas por la mañana, entre las 8 y 9 que es cuando la gente suele desayunar antes de ir a trabajar. Si es durante el fin de semana, ahí capaz te conviene esperar una hora antes de subirla, ¿Me entendes?

Facundo Ortiz: Sí, te entiendo perfectamente. Ya solo con hablar con vos siento que estoy aprendiendo un montón. Ni me quiero imaginar lo bueno que son esos cursos.

Cursos de Instagram: :)

Facundo Ortiz: ¿Te hago otra consulta?

Cursos de Instagram: Por favor.

Facundo Ortiz: ¿Las drogas me las envían a mi domicilio o las tengo que retirar yo?

Cursos de Instagram: ???????

Facundo Ortiz: ¿Qué?

Cursos de Instagram: Honestamente espero que te hayas equivocado de conversación.

Facundo Ortiz: No me equivoque de conversación, para nada. Para eso tendría que estar drogado pero vos no me queres vender.

Cursos de Instagram: ¿Vos sos el pelotudo de ayer?

Facundo Ortiz: No sé de qué pelotudo hablas.

Cursos de Instagram: ¿Edgardo?

Facundo Ortiz: Edgardo De la Fuente. Ese es mi nombre, sí.

Cursos de Instagram: Ah pero vos estás desquiciado directamente.

Facundo Ortiz: ¿Puedo tomarme el atrevimiento de preguntar por qué?

Cursos de Instagram: Lo tuyo es para manicomio.

Facundo Ortiz: ¿De nuevo? ¿Por?

Cursos de Instagram: Porque se ve que no tenés nada mejor que hacer de tu vida que andar molestando a la gente que labura.

Facundo Ortiz: Perdón, ¿Y quién te dijo a vos que no estoy laburando?

Cursos de Instagram: Entonces seguí con tu laburo pero a mí no me jodas más flaco. Sos re pesado.

Facundo Ortiz: Eso no va a poder ser Julieta, lamentablemente.

Cursos de Instagram: Me da igual. Deja de estar fastidiando a la gente Facundo.

Facundo Ortiz: Facundo no, Julieta. Edgardo. Edgardo De la Fuente.

Cursos de Instagram: Me importa una reverenda mierda. Llamate como se te cante el orto, pero a mí no me jodas más.

Facundo Ortiz: Veo que no tenes idea de quién soy.

Cursos de Instagram: Sí, un pelotudo que no tiene nada que hacer.

Facundo Ortiz: A mí me dicen el Pablo Escobar de Facebook.

Cursos de Instagram: Ay Dios, no podes ser más idiota.

Facundo Ortiz: Disculpame, pero idiota debes ser vos, que te pensas que no me doy cuenta de lo que estás haciendo.

(Me bloquea de nuevo)

Pasan diez minutos y le vuelvo a hablar. Afortunadamente ya había tomado las precauciones necesarias, por lo que ya tenía otra cuenta preparada.

Príncipe Vegeta: Te haces pasar por un chupasangre que le roba la plata a la gente con eso de los “cursos de Instagram,” pero es tan solo una fachada para ocultar el imperio de narcotráfico que administran desde las sombras, ¿no? Todo para despistar a la competencia. Muy astuto. Pero ineficaz contra mí.

Cursos de Instagram: Jajajajajajaj ay por Dios, y encima esa foto de perfil con dibujitos. La verdad que me das mucha lastima.

(Cuando dice “dibujitos” se refiere por supuesto a la imagen del conocido personaje de Dragon Ball, que en ese momento estaba usando como foto de perfil.)

Príncipe Vegeta: Lastima das vos que le querés sacar plata a la gente por decirle cuales son los mejores ángulos para sacarle fotos a una tostada, ¿no te da vergüenza?

Cursos de Instagram: Por lo menos me gano la vida haciendo lo que me gusta.

Príncipe Vegeta: ¿Vendiendo drogas?

Cursos de Instagram: ¡Ya te dije que no vendemos drogas!

Príncipe Vegeta: Es que la verdad ya no sé qué es peor. A esta altura me parece hasta más honesto que vendas drogas por Facebook a que le digas a la gente a qué hora se tiene que levantar para ir a sacarse una selfie al baño.

Cursos de Instagram: Sos una basura.

Príncipe Vegeta: Es más, si finalmente resulta que no vendes drogas te diría que estoy bastante decepcionado.

Cursos de Instagram: Vos porque debes estar al pedo todo el día. Ni debes trabajar. ¡¡¡BASURA!!!

Príncipe Vegeta: Mi trabajo es más que interesante.

Cursos de Instagram: A ver contame. Te juro que la curiosidad me está matando, ¿Qué sos? ¿corredor de bolsa?

Príncipe Vegeta: Somos empresarios.

Cursos de Instagram: Aaaaaaaaaaah, y a ver ¿Qué hacen?

Príncipe Vegeta: Nos dedicamos a asaltar planetas para después venderlos.

Cursos de Instagram: ANDÁ A LA CONCHA DE TU HERMANA.

Príncipe Vegeta: ¿Me vas a vender las drogas o no?

(Me bloquea)

Para ese entonces ya había comprado dos cosas. Que la mina realmente era un parasito que se dedicaba a dar “cursos intensivos de Instagram” por la modesta suma de $2.500 al mes, y que además era una mal educada. Porque si ustedes analizan bien la conversación, yo en ningún momento le falté el respeto.

De todas formas a los dos días le vuelvo a hablar. Sobra decir, nuevamente desde una cuenta diferente.

Tyrion Lannister: Hola, ¿cómo va?

Cursos de Instagram: ¡Hola! Todo bien por suerte, ¿vos?

Tyrion Lannister: Bien. Estoy interesado en lo que hacen.

Cursos de Instagram: ¡Bárbaro! Decime, ¿hay algo que quieras saber en particular?

Tyrion Lannister: Una sola pregunta.

Cursos de Instagram: Decime =D

Tyrion Lannister: ¿A cuánto la línea de merca?

(Me bloquea)

Más tarde cuando mi amiga Claudia me preguntó cómo me había ido, le dije que por lo menos había podido corroborar que la página era realmente autentica. “¿Y qué onda el trato?” me pregunta. “¿Son copados?”

“Hablamos bastante,” fue lo único que le dije.

Por las dudas le dije también que en el caso de que decidiera contactarlos, les diga que iba de parte mía. Refiriéndome no a mí nombre real, por supuesto. Porque conmigo técnicamente no habló.

“Deciles que vas de parte de un tal Edgardo De la Fuente, que seguro te hacen un descuento.”

Ojala que le vaya bien, pobre Claudia. Habrá que esperar.




jueves, 5 de octubre de 2017

Beneficios de que Argentina no vaya al Mundial 2018


Visto y considerado que la participación de nuestra selección de fútbol en el próximo mundial a celebrarse en Rusia pende de un hilo, me pareció más que oportuno escribir un artículo planteando un escenario en donde ocurriese lo peor. A fin de poder brindarte unas palabras de aliento que te sirvan de preparación para el hipotético caso en el que la selección albiceleste no logre la clasificación y termine por hundirse en las turbulentas aguas del fracaso una vez más (solo que esta vez sería más temprano que de lo costumbre, pero la idea es la misma).

Ya que vos no tenés que dejar de pensar ni por un segundo que el objetivo de este blog es ver siempre el lado positivo de las cosas.

“No W, no se le puede encontrar un lado positivo a esto. Si la selección no va al Mundial te juro que me mato. Me pego un tiro.”

Tranquilo que yo estoy para ayudarte, bruto hijo mío. Porque con ese pensamiento digno de un orangután, la verdad que te podrías pegar el tiro ahora y nos haces un favor a todos. ¿Te daban cloro de chico?



Analizaremos en profundidad el comportamiento que suelen tener estos seres durante el desarrollo de este campeonato tan importante, capaz de generar todo tipo de emociones al mismo tiempo y en todo el planeta. Sin embargo, en este artículo me limitare a hablar puntualmente del hincha argentino.

El hincha casual, ese que suele ver los partidos por televisión y de tanto en tanto asiste a la cancha, basta tan solo con que dé inicio el mundial para que automáticamente entre en un estado psicótico que, si está en la vía pública y no tiene una tele a mano, lo llevara a irrumpir en cualquier lugar para preguntar a quién sea que se cruce en su paso lo siguiente: “¿Sabés cómo va el partido?”

No importa si es un local a la calle, una fiesta  o un velorio a cajón abierto.

“Disculpe Padre, ¿sabe cómo va el partido?”

Y lo peor de todo es que ni siquiera es un requisito excluyente que esté jugando la selección. Capaz que vos estás tranquilo en tu hogar almorzando con tu familia, cuando de repente notás que se asoma la cabeza de uno de estos subnormales por la ventana, quien sin importarle nada, sobre encima de los ravioles procede a preguntarte cómo va el partido entre Mongolia y Armenia. Blandiendo un argumento tan estúpido e incoherente como su misma existencia al decirte que el resultado de dicho partido es de vital importancia ya que el resultado puede definir a uno de los próximos rivales de Argentina en la copa, y que si no lo ves la selección va a perder por 28 a 0 siendo vos el único responsable.

De más está decir que en el supuesto caso de que optes por decirle que no estás mirando el partido porque simplemente no te interesa y que además tu hijo te pidió por favor que le pongas el Blu ray de “Mi Villano Favorito”, automáticamente vas a ser calificado de traidor a la patria, quien no se interesa por su país y que básicamente vos mataste a todos los soldados que murieron en Malvinas.

-E amigo como no va a mira’ el partido. ¿Que no te importa tu pai amigo?
-Me importa y mucho. Lo que no me importa es el partido. Entendeme, por favor.
-No gato, no te importa, sos re gato loco.

Créanme que si bien la perspectiva de que nuestra selección no participe en la próxima Copa del Mundo puede ser más que desalentadora para todos, va estar bueno no tener que lidiar con estos individuos de nula inteligencia.

A parte lo que más destaco sin lugar a dudas es el cinismo que tiene esta gente. Porque la misma persona que te tilda a vos de antipatriota, traidor, renegado y anda a saber que otra pelotudez, muchas veces es la misma que durante los cuatro años antes del mundial se la pasa quejándose diciendo que el país es una cagada, que todo lo que se fabrica acá es de segunda, y que si pudiera se iría a vivir a cualquier otro país para no volver más nunca.
Como si tu interés y/o devoción por un deporte fuese lo que te define.
Es hasta gracioso incluso. Porque todo ese patriotismo que estos fulanos dicen tener, desaparece por completo una vez que la selección queda eliminada. Ahí todos los jugadores pasan de ser héroes a unos “pecho fríos” que no juegan por el amor a la camiseta sino por el dinero.

Ay por favor, ¿really? ¿De verdad me estás diciendo que los jugadores salen a la cancha por la plata? No te la puedo creer, ¿en serio? Te juro que pensé que lo hacían por el amor que le tienen al país y a su gente, que tan bien los trata y recibe, siempre y cuando los resultados sean favorables, claro.

Otro punto favorable de que Argentina no vaya la cita mundialista sería la aniquilación temprana de toda esperanza y expectativa que se genera y va creciendo a medida que la selección va abriéndose paso hacia las fases finales de la copa para después terminar perdiendo contra como Alemania.

A ver, siempre me consideré una persona cien por cierto optimista y positiva. Pero ey, seamos realistas. La selección no va a volver a ganar una Copa Mundial. Ni esta, ni ninguna otra, porque somos un puto asco jugando, y cuanto antes pueda la gente asimilar este hecho factico, mejor.

Lo que pasa es que muchas veces la gente, desnuda en su estupidez, se aferra a las épocas doradas del Diego –ese que en épocas de mundial para todos es una leyenda del futbol y el resto un drogadicto inútil- pensando que si te pasan la misma jugada contra los ingleses en el 86 una y otra vez en cuanta propaganda se te ocurra, lo mismo se va a repetir con Messi. Porque de alguna forma necesitamos crear un héroe que sirva de sucesor al jugador más habilidoso que tuvimos, a efectos de que nos ayude a evadir la cruda realidad de que somos unos losers de primera que no pueden ganar ni el mundial de panchos bajados con agua.
 

Otro beneficio digno a mencionar es que no vamos a tener que lidiar con esas movilizaciones de memes y frases ridículas que se comparten por las redes sociales. Frases estilo “Hoy somos todos argentinos.” Muy importante recordar esto porque no hay que olvidar que vos sos argentino de lunes a jueves y el resto de la semana sos taiwanés.

Todo esto, en teoría, a fin de reforzar el sentimiento de unión y solidaridad entre los habitantes de una misma nación. Sentimiento que, vale aclarar, va a quedar anulado una vez que se termine el mundial. Ahí el país vuelve a ser tierra de nadie y si llegaras a ser una persona mayor esperando a que alguien te ceda un asiento en el bondi, la misma persona que se abrazó con vos para festejar un gol, muy probablemente se haga el dormido para no dártelo.

Y demás está decir que la eliminación de Argentina en el certamen, le va a dar la oportunidad perfecta al sector cabeza para salir a romper vidrieras, saquear y prender fuego la fucking ciudad. Eso, entre tantas otras cosas primitivas que esta gente está acostumbrada a hacer para manifestar su “descontento”.



Por otro lado es reconfortante saber que no vas a tener que fumarte al pelotudo feliz de turno que se dedica a relatarte el partido por Facebook. Esos que actualizan sus estados poniendo cosas como “GOOOOOOOOOOOLLLLL” o “¡Uy, que cerca pasó eso!” pensando que uno lo va a leer y va decir “¡Guau! Mirá que data interesante sube este pibe, no es como si no tuviese 5 televisores en mi casa.” Pero no, uno lee comentarios como este y lo único que piensa es “Pobre pibe, le falla.”
 

Por lo que en definitiva concluyo ¿para qué molestarse en clasificar al mundial para después ver como un equipo mejor que el de uno se lleva el trofeo a casa? Y lo estoy diciendo con la mejor de las ondas posibles, de verdad. ¿Para qué luchar si la batalla está perdida de antemano?

En fin, ¡Vamos Argentina!


martes, 5 de septiembre de 2017

Conversaciones de ascensor

Para algunos el escenario número uno en generar temas de conversación por excelencia. Para otros un sitio inhóspito y sombrío capaz de dar lugar a todo tipo de encuentros potenciados por un factor aleatorio que siempre dice presente, ya que una vez que ponemos los pies dentro, no sabemos con qué tipo de criatura nos podemos llegar a cruzar.
   
No obstante, la realidad es que todos; desde el salame que fuerza los encuentros para toparse con la mina que le gusta creyendo que si los hace parecer de forma casual se va a terminar casando con ella, hasta el antisocial que prefiere subir cuarenta pisos por escalera antes de tener que decirle “Buenos días” a otro ser humano; TODOS en algún momento de la vida hemos hecho uso de este endiablado artefacto llamado ascensor.
 
Hoy te voy a mencionar lo que a mi criterio son los temas más comunes que la gente, vaya Dios a saber porque, no se cansa de sacar una vez que estamos adentro de estas trampas mortales.

1-El tiempo

No puede faltar. El campeón imbatible en la Liga de Temas de Conversación Irrelevantes y Forzados. El tópico que las personas no se cansaran de utilizar una y otra vez, a fin de lograr que el trayecto (ya sea subida o bajada) sea más placentero para todos. Como si tuviesen miedo de que si no hablan del bendito tiempo ni bien se terminen de cerrar las puertas del ascensor, el mismo se vendrá abajo, precipitándose trágicamente al vacío y llevándose la vida de todos los ocupantes en un festival de sangre, tripas y vasitos de café de McDonald’s. 

“Está re pesado, ¿no?” 

“La verdad que pesado estás vos, que cada vez que te cruzo en este ascensor del ojete para ir a trabajar, me tengo que fumar la misma pregunta pelotuda de siempre, la concha bien de tu madre, subnormal de mierda. Ah, piso 12, acá me bajo yo. Buen día.”


 2-La fecha

El personaje que se ve en la necesidad de recurrir a este tópico es incapaz de hacer el trayecto en silencio así sean cuatro pisos. Por lo que se ve obligado a hacer preguntas que, o bien ya sabe la respuesta, o las tiene enfrente de sus narices, como suele pasar por ejemplo con el día de la semana y la fecha.

“¿Hoy que es? ¿20?” Te pregunta el destructor de hielos profesional, cuando sabe muy bien que no puede vivir sin mirar la pantalla de su celular ni por una milésima de segundo, porque no vaya a ser cosa que le llegue un nuevo aviso de actualización de la calculadora. 


Decime, ¿Tu celular no te muestra la fecha exacta en la pantallita con apretar literalmente un jodido botón? ¿O tenés configurada la hora de Emiratos Árabes? Salame.

O si no te tienen que recordar que día de la semana es, y cuantos faltan exactamente para que la misma concluya. Porque claro, no nos olvidemos de que vos vivís en una cueva aislado de la civilización, donde lo más tecnológico que tenés es la gomera con la que salís a cazar las palomas que después te comes a la parrilla.

“Miércoles ya. Dos días más para el finde.”
 

“Ah mirá vos che, y yo que pensé que esta semana iba a ser más corta y después de hoy se reseteaba todo y volvíamos al lunes. Gracias por el dato. Tomá una galletita. Saltá, saltá.”


3-El fin de semana

Si ocasionalmente te ves obligado a compartir el ascensor con alguien un lunes por la mañana, da por hecho que tarde o temprano  te vas a encontrar hablando de esto. No importa si las únicas palabras que cruzaron hasta ese entonces fueron “Hola, buenos días” y “Chau, buenas tardes.”
 

La situación empezará, en el 99,99% de las veces, con un prolongado suspiro de tu interlocutor quien te dirá algo parecido a esto:

“Otra vez lunes.”
 

“Y si,” le vas a decir vos, tratando de ser lo más breve y tajante posible.

Por desgracia tu treta de poco va a servirte, ya que el individuo que tenes enfrente es demasiado estúpido para percatarce de tu tono indiferente y tu cara de traste, por lo que procederá a preguntarte lo siguiente: “¿Qué hiciste el finde?” Lo cual no tiene sentido. Ya que por más que le digas que te quedaste en tu casa viendo un documental de Koalas, o le digas que asaltaste un banco con una ballesta disfrazado de Power Ranger, el muy idiota se va a limitar a decirte “Ah, mira que bueno,” porque en definitiva no te conoce y por ende le importa un bledo lo que hagas con tu vida social. Pero bueno, parece que si no sacan el tema el ascensor queda trabado para siempre en el tiempo y el tipo va a ser incapaz de llegar a su casa.

Y que no te vayan a agarrar un sábado por la noche subiendo al ascensor con la bolsita del delivery porque inevitablemente te van a tirar una frasecita estilo:

“Je, vos sí que no te privás de nada, eh.”

“Mirá, con todo respeto, de lo único que me privo es de no mandarte bien a la mierda, porque cada vez que te cruzo me haces perder el tiempo con estas charlitas vecinales que la verdad ya me tienen las pelotas como dos Transformers. Pero bueno, permiso eh, chau, buen finde.”




4-La Familia

Con esta situación vas a tener que lidiar, la mayoría de las veces, en el ascensor de tu casa. Cuando tengas la desdicha de caer en las redes de alguna de las viejas chusmas del edificio. Esas que parecen vivir en los pasillos del mismo, siempre al acecho de alguna victima fresca a la que le puedan sacar todo tipo de información sobre tu familia.

“¿Tu mamá cómo anda? Hace rato que no la veo,” te va a decir en tono preocupado.

Y vos, que para las respuestas genéricas sos mandado a hacer, le vas a decir “Y ahí anda,” tratando de evadir rápidamente el tema, ya que sabes muy bien que lo más probable es que tu vieja seguramente prefiere bajar a la calle colgada de una sábana, antes que arriesgarse a usar el ascensor y toparse con alguno de esos seres de ultratumba.

“¿Y tu papá?” “¿Sigue trabajando?” “¿Y tu abuela?” “¿Y el perro?”¿Y el tatú carreta? Ah, ¿ya no lo tienen más? Que lastima.”

Creeme que si no te preguntan por tu primo lejano que vive en Mongolia es porque no le dan los pisos.



5-La tecnología

Este tema siempre es más peligroso cuando saben que tenés conocimientos en el campo de la informática.

Porque capaz un día te cruzaste con un vecino en el ascensor que justo te contó de un problema que tenía con la PC y vos lo ayudaste a resolverlo. Por lo que desde ese momento se empieza a correr la bola en el edificio de que vos creaste Windows, Android, y que hasta sos capaz de predecir el futuro.

Y capaz vos no sos un experto en el tema, y y no necesitás serlo. Pero gozás de ciertos conocimientos, y da la casualidad que justo ese día, que de ahora en adelante vos vas a recordar como “La vez que ayudé a ese pelotudo,” le explicaste como tenía que formatear la PC. Por lo que ahora cada vez que se topen con vos en el elevador, tus vecinos no van a perder oportunidad de hacerte todo tipo de preguntas, que, si bien en un principio estarán relacionadas con el tema, poco a poco, vas a notar que iran perdiendo el sentido.

“Che vos sobre motores de tractores no tenes idea, ¿no…? Porque justo tengo un problema...”


sábado, 5 de agosto de 2017

Estereotipos de amigos - PARTE 2

Cuando terminé de escribir la primera parte en septiembre del año pasado, recuerdo haber dicho algo parecido a “la semana que viene escribo la segunda.”

Ok, por alguna razón ya pasó casi un año de eso, así que si alguien tiene ganas de ponerse al día y leer la primera parte, acá les dejo el link.
La idea principal de este artículo es ser lo más fiel posible a su predecesor. Analizando a fondo y de la manera más acertada posible las diferentes personalidades con las que nos podemos llegar a topar en nuestras filas de seres queridos, y no tan queridos en algunos casos. Obviando por completo la ironía de que sea justamente este servidor quien se ponga a hablar del asunto cuando nadie le envía un mensaje de afecto ni por equivocación, a menos que sea para dejarle en claro lo mucho que lo odian y recordarle que si mañana se muriera, el mundo sería un lugar mejor.

En serio. Una vez intente poner a prueba el nivel de cariño que me tenían las personas que conozco y puse en mi cuenta personal de Facebook que había sido diagnosticado con una enfermedad terminal y solo me quedaba un día de vida.

Jamás un estado mío de Facebook recibió tantos “me gusta” como en aquella ocasión. Uno incluso en los comentarios me llego a poner: “Hubieses avisado con tiempo así conseguía la reserva y las bebidas. Pero la verdad no sé de qué me asombro si era sabido que incluso hasta en el día  tu muerte te las ibas a ingeniar para joderle la vida a los demás. Basura.”

En fin. Empecemos.

El Borracho:

Esta sombra que alguna vez fue un ser humano como vos, como yo, y que lo único que puede generar es pena ajena, es el término que se le da a aquel ser que piensa que puede escapar de todos sus problemas a base de alcohol. No lo podes llevar a ningún lado porque lo lleves a donde lo lleves, ya sea a bailar a un boliche un sábado por la noche o a la misa del domingo a las diez de la mañana, el tipo siempre le encuentra la vuelta para terminar tumbado sobre el tibio charco de su propio vomito.

Y lo peor de todo es que encima tiene el descaro de negarlo.

-Que borracho que estabas anoche.
-No estaba borracho.
-Te subiste desnudo arriba de la mesa y empezaste a gritar que eras el “Rey del Tequila”, y que todos éramos tus fieles súbditos.
-Bueno, tome un poco y me puse medio cargoso, nada más.
-Te tuvieron que sacar en camilla, Jorge.

El Pirata:

Este tipo siempre dice presente, y en donde te descuides, se puede convertir en el estereotipo más peligroso de todos. Es el individuo que poco a poco te va despojando de todas tus pertenencias utilizando siempre la misma excusa de que “solo te lo está pidiendo prestado.”
Vos al principio obviamente no te vas a dar cuenta. “Uh, ese juego nunca lo pude jugar pero me dijeron que esta bueno. ¿No me lo prestas por un par de días?” te va a decir tu amigo, ocultando sus verdaderas intenciones bajo una máscara de inocencia y ternura. Razón por la cual nunca vas a poder ver el puñal que esconde con una mano mientras que con la otra acepta el objeto que vos, pobre iluso, en buena fe le estas prestando.

“Que aburrido estoy, voy a jugar un poco a la play…….ah, cierto que se la llevó Patricio.”

“Voy al super a comprar. Me voy a poner la campera que está haciendo frío…..ah, cierto que se la llevó Patricio.”

“Voy a salir a dar una vuelta con el auto….ah, cierto que se lo llevó Patricio.”

“¿En dónde dejé las escrituras de la casa? Ah cierto….Patricio…”
Eventualmente va a llegar un punto en donde Patricio, con todas las cosas “prestadas” que obtuvo de tu generosidad, producirá un daño irreversible rompiendo la barrera espacio-tiempo y creando una realidad alternativa en donde Patricio se convierte en vos.

Y para cuando logres unir todas las piezas del rompecabezas va a ser demasiado tarde.

“Pero si solo me pidió prestado el primer libro de Harry Potter. ¿Cómo puede ser que ahora viva en mi casa y se esté garchando a mi novia? Acá pasa algo raro,” te vas a encontrar diciendo vos, al tiempo que utilizas unos cartones para protegerte del frío que llega hasta ese oscuro y ominoso puente que ahora llamas hogar.

El Honorable:

Cuando hablamos de este tipo, hablamos de aquel sujeto que empuja su código de moral y justicia hacia lugares insólitos, lo que ultimadamente hace que su línea de razonamiento se vuelva ridículamente estúpida.

Supongamos que un grupo de amigos se junta a jugar unas copas al Winning Eleven y a Gustavo le toca ser Inglaterra. Gustavo no solo va a decir que no, rotundamente, sino que se va a ofender y, revoleando el mando a la mierda, va a arrancar con uno de sus monólogos.

“Compañeros. Si bien agradezco que me hayan invitado, es mi deber manifestar este descontento que me carcome el alma y decirles que aquellos soldados que representaron tan valientemente a mi patria, no fueron a dejar sus vidas al campo de batalla para que yo hoy insulte su memoria, eligiendo una escuadra compuesta por once asesinos, quienes con total impunidad invadieron nuestras tierras y nos las arrebataron. Antes de eso prefiero estar muerto,” grita parado arriba de la mesa con los brazos en alto.

Para evitar mayores inconvenientes los demás deciden cambiar de juego y se ponen a jugar Mortal Kombat. Pero lejos de resolverse los problemas empeoran, porque Gustavo decide elegir a Sonya Blade y uno de los chicos, con ningún otro propósito más que elogiar sus habilidades en el mando para con dicho personaje le dice: “Che, ¡Qué bien que usas a Sonya!”

En ese momento seremos testigos de cómo al tipo automáticamente se le pone el rostro de piedra y con los ojos inyectados de furia le dice: “¡¿Y por qué te sorprende que juegue bien con Sonya?! ¡¿Es porque es mujer?! ¿Tan débil consideras a la mujer que no puede ser un buen personaje en un video juego, eh? Cerdo opresor machista y patriarcal.”

Ahí cuando el resto dice basta y al unísono, casi de manera orquestal, se abalanzan contra Gustavo y lo apuñalan múltiples veces, para finalmente dejarlo tirado en la vereda, medio muerto y con el control de la play metido en el culo.

El Suicida:

El típico personaje que tras cortar con la pareja empieza a postear estados depresivos en su Facebook. Es entonces cuando sus amigos deciden embarcarse en la fútil misión de rescatar su corazón roto, el cual yace en las profundidades del océano melancólico.
Para esto organizaran una serie de guardias rotativas de 24 horas diarias, entre otras precauciones, a fin de evitar posible suicidio.

Pero todo termina una noche, cuando en una juntada de truco, habiendo escondido previamente todos los objetos filosos, no se percatan de que al Suicida, que si bien hasta ese momento la estaba pasando bien, no le gusto haber perdido la partida de truco. Por lo que en un descuido de sus dos amigos que le servían de escoltas y lo esperaban en la puerta cada vez que iba al baño, el Suicida, totalmente desapercibido se desliza hasta el tocador llevando consigo una soga que por las dudas siempre llevaba en la mochila.

El resto se cuenta solo.

Para cuando el grupo se percata de su ausencia después de dos horas, van a buscarlo al baño y descubren la trágica escena.
El cuerpo de Ángel ahora pende inerte de una soga de yute rotando lentamente, sin vida.
 

-Sos un boludo, te tocaba a vos vigilarlo.
-Bueno loco, perdóname, no puedo estar en todas. ¿Vemos una peli?
-¿Y qué hacemos con Ángel?
-Mañana lo bajamos.
-Bueno, dale.

lunes, 31 de julio de 2017

El otro día me invitaron a un velorio

La muerte de un ser querido es una de las cosas que más duelen en este mundo. Capítulos oscuros de la vida que sin importar de quien se trate, siempre nos deja con una herida en el alma que nunca llega a cerrarse completamente. Es algo casi tan grave a que se nos joda la partida de un videojuego antes de salvar.

Y lo que es peor aún son los casos en los cuales el ser querido en cuestión, abandona este mundo sin que tengamos la oportunidad de haber podido hacer las paces con él. Dejándonos para siempre con una deuda emocional que sabemos, seremos incapaces de saldar.

Por desgracia algo muy parecido fue lo que me sucedió la semana pasada.

Es importante dejar en claro que si he esperado hasta hoy para hablar del asunto es porque no ha sido hasta hace unos momentos que he podido sacar fuerzas de flaqueza. Las fuerzas suficientes que me permitieran sentarme a escribir estas palabras, al tiempo que tibias lágrimas de dolor y melancolía descienden lentamente por mis mejillas.

Llegué de trabajar a mi casa y me encontré con la noticia de que mi tío Osvaldo había fallecido.

Hace tiempo que estaba mal. Meses arrastrando una enfermedad la cual los médicos nos habían dicho que era terminal. No voy a decir que estábamos preparados, pero en el fondo, era algo que la familia esperaba. Era una cuestión de tiempo.

El golpe dolió. Sacudió todo el núcleo familiar y espero no sonar un poco egoísta al decir que yo fui, sin lugar a dudas, la parte mas afectada.

“¿Cuándo vas a venir a verme? Ya ni me llamas para ver como estoy,” solía decirme mi tío.

“Para que te voy a preguntar cómo estas tío, si tenes cáncer.”

Aquellas fueron las últimas palabras que le dije a mi tío. Palabras que al día de hoy siguen retumbando en las sombrías cavernas de mi mente. ¿Habré estado mal en decirle eso encontrándose en las puertas de la muerte? Supongo que nunca lo sabré.

Lo que sí sé es que lo quise mucho a mi tío y estoy totalmente seguro de que él lo sabía. Ojalá hubiese tenido tiempo para visitarlo en sus últimos días, pero Dios sabe que las obligaciones siempre me lo impedían.

Nunca podía. Si no tenía que ir al shopping a comprar ropa, tenía que ir al cine. Si no era el cine, era la cervecita de todos los viernes con los pibes.

Y así pasó el tiempo, pasaron los días y se fue el tío Osvaldo nomas. Ay tío querido, no sabes cómo te extraño.

Pero bueno, tampoco me quiero ir por las ramas con mi descargo. No es el fallecimiento de mi tío en si lo que me llevo a escribir estas palabras, sino los sucesos que acontecieron después y que involucran a algunos familiares muy cercanos míos.

Originalmente había decidido cambiar sus nombres de manera que no quedaran tan expuestos en el blog, pero tras un largo momento de reflexión decidí que no se lo merecían. No después de cómo me trataron.

Y ahora te hablo directamente a vos, primo Enrique. A vos que hasta hace unos días eras como un hermano para mí. Ahora todo eso forma parte del pasado ya que decidiste traicionarme y unírtele a esa alimaña rastrera que tenes por madre en su plan de ensuciar mi nombre a base de fabulas y calumnias.

Dejo copiada nuestra última conversación (porque huelga decir que después de haberme basureado e insultado hasta el cansancio, me bloqueaste del Facebook) para que mis lectores -entre ellos amigos, conocidos y compañeros de trabajo- estén al tanto del nivel de maltrato al que fui sometido y juzguen por ellos mismos.

Enrique: Hola primo, ¿Cómo estás?

W: Hola Enrique, bien dentro de lo que se puede, ¿vos?

Enrique: Acá ando. Lloro como un boludo mientras me pongo a mirar fotos. Me está costando mucho, la verdad.

W: Y si, es normal.


(Pasa un rato)


Enrique: ¿Vos que andabas haciendo? ¿Cómo la vas llevando?

W: Cómo puedo. Me puse a jugar al Batman Arkham City. No te das una idea la cantidad de trofeos que me quedaron por sacar.

Enrique: ¿Estás jugando a la playstation?

W: Si, al Batman. ¿Sacaste todos los trofeos vos?

Enrique: Ni idea, no me acuerdo y la verdad que tampoco estoy de ánimos. De hecho no sé cómo haces vos para ponerte a jugar a la play en un momento como este.

W: Es que no se trata de un simple videojuego, Enrique. Es Batman.

Enrique: ¿Que tiene Batman?

W: Al tío le gustaba, ¿no te acordas?

Enrique: ¿Sí? Que loco, sabes que no me acuerdo de que lo haya mencionado.

W: Era fanático, Enrique. Tenía lo comics incluso.

Enrique: ¿Posta?

W: Montañas de comics, Enrique.

Enrique: Que locura, se me debe haber olvidado con todo lo que estamos pasando.

W: Y puede ser, eh.

Enrique: Parece que fue ayer que lo vimos al tío.

W: Lo vimos ayer Enrique, fue a cajón abierto el velorio.

Enrique: Ya sé boludo, me refiero a como solía ser el con nosotros.

W: En fin, se lo va a extrañar.

Enrique: Y sí, yo no caigo todavía.


(La conversación de momento se congela. 20 minutos después me vuelve a hablar.)


Enrique: Che primo.

W: Que.

Enrique: Sabes que le pregunte a mi vieja si el tío era fan de Batman y me dijo que no eh.

W: Igual ya largué el Batman, me puse a jugar God of War, perdona si tardo un poco en responder.

Enrique: ¿God of War chabón? ¿En serio me estás hablando?

W: Es el God of War, man.

Enrique: ¡¿Yyyy?!

W: Al tío le gustaba.

Enrique: Bueno, ahí ya me parece que te estás haciendo el pelotudo. Decime que te chupa un huevo la muerte del tío y listo.

W: No es así, Enrique.

Enrique: Claro  que es así, no me digas que no.

W: Cada uno hace su duelo como puede. Pero qué bueno que sacaste el tema.

Enrique: ¿Por?

W: ¿Tenes el número de la tía Mari vos?

Enrique: Si, sí. Lo debo tener agendado en el cel.

W: Yo no lo tengo, o lo tenía y lo borré, no me acuerdo. ¿Me lo podes pasar? Tengo que hablar con ella.

Enrique: Te lo paso, ¿pero que le vas a decir? Tene en cuenta que ayer falleció el esposo, no sé si te acordaras.

W: No seas boludo, Enrique. Dale, pásamelo.

Enrique: ¿Qué le vas a decir?

W: Si te digo no te va a gustar, te conozco. Sé muy bien lo susceptible que podes llegar a ser.

Enrique: Y yo sé muy bien lo desgraciado que podes llegar a ser.

W: Dame el número de la tía Mari, Enrique.

Enrique: ¿Para qué lo queres?

W: Vos damelo.

Enrique: ¿Para qué lo queres?

W: Ok, como bien recordaras todos pusimos una parte para los gastos del sepelio tío ¿no?

Enrique: Sí.

W: Bien, porque estuve haciendo un par de cuentitas, viste.

Enrique: Sí, no me está gustando un carajo para donde este yendo esta conversación.

W: Todos le dimos nuestra parte a Mari. Y la verdad que yo lo tendría que haber hablado antes con ella, pero la vi tan mal que me pareció que lo mejor era esperar un poco.

Enrique: Me imagino, sí. Me imagino lo mucho que te debe importar a vos resguardar la sensibilidad de la tía. O de cualquier otra persona.

W: Aunque no me creas, me importa y mucho. Pero así como los demás tienen sus problemas yo también tengo los míos, Enrique. El tío Osvaldo, Dios lo tenga en la gloria, se fue de este mundo sin pagarme una plata que me debía.

Enrique: AH NOOOOOOOO. ESTO ES MUY FUERTE

W: Esperaba que Mari me pueda devolver esa plata descontándolo de la parte que puse para los gastos.

Enrique: No, no, no, no. Decime que me estas jodiendo, primo, te lo pido por favor. Decime que no es en serio lo que estoy leyendo.

W: Me da un poco de vergüenza honestamente tener que contarte esto, pero insististe tanto que no me dejaste alternativa.

Enrique: ¿¡Pero de qué vergüenza me estás hablando vos!?

W: Por favor Enrique, no empecés.

Enrique: ¿¡PERO DE QUE VERGÜENZA ME HABLÁS!?

W: Necesito la plata, Enrique.

Enrique: VOS LO QUE NECESITAS ES UN BALAZO EN LA CABEZA, ¿¡COMO SE PUEDE SER TAN HIENA?! EXPLICÁME.

W: ¿Hiena? Hasta desgraciado te lo paso.

Enrique: Tenes razón, porque por mas hijas de puta que sean las hienas, por lo menos son capaces de sentir cariño por su propia especie. Vos lamentablemente estás muy lejos de eso.

W: ¿Me vas a dar el número o no?

Enrique: No te voy a dar nada, a ver ¿Cuánto es lo que te quedo debiendo el tío?

W: $40

Enrique: ¿O sea que al tío no lo vas a dejar descansar en paz y te vas a poner a martirizar a su mujer por cuarenta pesos de mierda? Vos sos un reverendo hijo de puta. Con todo lo que hizo el tío por vos.

W: Y se lo agradezco de corazón, Enrique, en serio.

Enrique: No, no se lo agradeces. Nunca te importo, nunca lo quisiste. Si lo quisieras no le estarías haciendo esto. Mi mamá siempre tuvo razón. Siempre me decía la clase de persona que eras y yo nunca la escuché. Pero basta, hoy me saco la venda de los ojos.

W: Por favor Enrique, tu mama no puede hablar ni de mí, ni de nadie. No la escuches.

Enrique: ¿Qué queres decir con eso?

W: No me hagas hablar.

Enrique: Si tenes algo para decir, habla no seas cobarde. Ella esta acá al lado mío, llorando, por supuesto, porque no puede creer las barbaridades que está leyendo.

W: Esa llora lágrimas de cocodrilo primo, no le creas nada.

Enrique: Con mi mamá no basura. A mi decime lo que quieras pero con mi vieja no te metas. ¡¡BASURA!!

W: ¿Vos de verdad pensas que me voy a tragar ese numerito patético que le gusta hacer? Si todos sabemos qué hace meses que estaba esperando la muerte del tío para poder quedarse con su parte del departamento de Punta Cana.

Enrique: Mi mamá se acaba de encerrar en su dormitorio y la escucho llorar desde acá. Pero vos no te la vas a llevar de arriba. Todo se paga. Si no es en esta vida, en la otra. Pero todo se paga. Eso te lo aseguro.

W: Explicaselo al tío entonces. Porque a mí no me pago. No en esta vida al menos. No sé cómo será la onda en la otra. ¿Tenes una Ouija?

Enrique: Lo que tengo son unas ganas terribles de cagarte bien a trompadas.

W: Sabía que te ibas a poner en este estado. No te tendría que haber dicho nada, tendría que haber hablado directamente con Mari.

Enrique: No fuiste a verlo ni un solo día al hospital, nunca te importo el tío.

W: ¿Para qué iba a ir a verlo si ya sabía el final? El tío era un spoiler con patas, Enrique.

Enrique: Más vale que mañana ni te aparezcas en el entierro porque te mato.

W: De mejores entierros me han echado.

Enrique: Sos una mierda.

W: ¿No me vas a pasar el número de Mari al final?

Enrique: No, mañana yo voy a hablar con ella. Vos ni te le acerques.

W: Enrique.

Enrique: Decime.

W: Esta bien. Mañana no voy al entierro.

Enrique: Va a ser lo mejor para todos.

W: Tampoco voy a hablar con Mari

Enrique: Me parece perfecto.

W: Pero si vos vas a hablar con ella, ¿no me harías un favor? El ultimo que te voy a pedir, ya que después de todo lo que pasó dudo que nuestros caminos vuelvan a cruzarse.

Enrique: Si pensas que le voy a decir lo de los $40 estas muy equivocado.

W: Ok. ¿Otra cosa entonces?

Enrique: Decime. Y después de esto realmente espero no tener que volver a tratar con vos.

W: Duro pero justo.

Enrique: ¿Qué queres?

W: No le digas que me devuelva la plata, ¿está bien?

Enrique: Ni se lo voy a mencionar.

W: Barbaro.

Enrique: ¿Eso era?

W: No, no.

Enrique: ¿Entonces?

W: Te paso mi CBU y le decís que me haga una transferencia por $40.

Enrique: Morite.

W: Me lo puede pagar en cuotas, Enrique.

Enrique: MORITE.

W: No seas así, Enrique.

(Me bloquea)


Y así culmina la historia de cómo mi propia familia me prohibió darle el último adiós a mi tío.

Pero vos tío, quédate tranquilo que estoy seguro de que allá arriba nos vamos a volver a ver. Mientras tanto, me queda la tranquilidad de saber que hice lo correcto y que esto no es un adiós sino un hasta luego.

Tío fuiste un padre. Tío fuiste todo cariño. Tío fuiste todo corazón.

En resumen. Fuiste, tío.


martes, 27 de junio de 2017

El otro día discutí con un feminista

No hay nada más noble y satisfactorio en esta vida que luchar por aquello en lo que uno cree. Defender tus ideales y compartirlos con el prójimo, para que a la noche cuando te acuestes y apoyes la cabeza en la almohada, cierres los ojos pensando en que hiciste algo por cambiar el mundo y convertirlo un lugar mejor.

Pero como bien dicen por ahí, todo en exceso es malo.

El otro día durante una conversación con amigos en un grupo de chat, entre emojis y audios, se me ocurrió compartir un meme que hacía alusión al antifeminismo. No porque yo sea antifeminista, ni mucho menos. Simplemente me resulto cómico en el momento y por eso decidí subirlo.

Carlos, uno de los chicos del grupo, es un feminista empedernido, y les mentiría si les dijera que no esperaba una reacción suya al momento de compartir la imagen. De hecho esperar su reacción negativa tal vez haya sido mi única motivación a la hora de subir el meme. Hacer que se enojara, me puteara y que luego todo el asunto se terminara ahí. Sacarles unos cuantos “jajajaja” a mis amigos y continuar con el curso de nuestras vidas.

Lamentablemente las cosas terminaron por dar un giro totalmente inesperado.

Decir que Carlos se lo tomo a mal es poco y no le hace justicia a la conversación que están a punto de leer.

El no solo se enojó con todos nosotros (conmigo por haber compartido el meme y con el resto por haber tipiado aquellos “jajajaja”) sino que abondo el grupo y cualquier intento por hacerlo volver resultó completamente inútil.

Carlos es el tipo de persona que piensa que puede cambiar el mundo por sí mismo a base de palabras. Interminables monólogos en donde expone sus pensamientos y te explica porque todo lo que vos hagas y/o digas está mal, mientras que el representa todo lo que está bien.

Sabía muy bien en donde me estaba metiendo cuando decidí hablarle por privado. Una caverna oscura e inhóspita, en donde la razón y el sentido común quedaban completamente anulados por el Leviatán de la soberbia.

Aun así tenía que intentarlo.


W: Hola Carlos.

Carlos: Hola.

W: ¿Que pasó? ¿Por qué saliste del grupo?

Carlos: Me pareció totalmente fuera de lugar lo que compartiste. Muy desagradable.

W: Jajajaja ¿Para tanto? Es solo un meme man, la gente comparte miles de imágenes como esa por día, y peores también. Relajate.

Carlos: No W, no me puedo relajar. Es justamente tu actitud lo que más me molesta. Que te lo tomes como si fuese una joda.

W: Es que es eso Carlos. Una joda. Una imagen que vi por Facebook y después compartí en el grupo. Si vos te lo queres adjudicar como algo personal es un tema tuyo.

Carlos: Yo creo que hasta para “joder,” como decís vos, hay límites. Hacer bromas con algo tan serio en los tiempos que estamos viviendo hoy simplemente no me parece.

W: Disculpa Carlos, ¿Qué tiempos?

Carlos: ¿No lees las noticias vos? ¿Tan ignorante sos?

W: Sí, las leo.

Carlos: ¿Y entonces?

W: Es que realmente no entiendo cuál es la conexión entre las fuentes de noticias, con un meme que compartí por un grupo de chat. Además salís con eso de “Los Tiempos de Hoy”. ¿Por qué no me explicas eso mejor?

Carlos: ¿Es que realmente hace falta que lo explique? ¿De verdad sos incapaz de percibir el nivel de complejidad y agravamiento de tus propios actos? Pensé que eras más inteligente.

W: El problema no es que tan inteligente pueda ser yo, Carlos. El tema es que vos tenes que pensar que el resto de los mortales no fuimos dotados con las mismas habilidades deductivas que vos.

Carlos: Sos un boludo, W. Te la das de vivo y sos un pobre boludo.

W: Puede ser. Por eso mismo te imploro, oh gran eminencia de la edad contemporánea, que ilumines mi estupidez con tu relato resplandeciente.

Carlos: Jajajaja, ok, no voy a entrar en tu juego.

W: ¿Qué juego?

Carlos: Esos juegos que tanto te gustan jugar con la gente, propios de un subnormal como vos.

Nota: En los pocos segundos que tuve para poder replicar lo que me acababa de decir, manda otro mensaje. Por lo que descarto mi contestación.

Carlos: Vos te lo tomas en broma, y así, por gente como vos, todos los días a las mujeres las matan, las violan y las descalifican como personas.
Pero bueno supongo que para la gente como vos vale la pena con tal de poder reírse un poco y pasar el rato.

W: Carlos es solo un puto meme.

Carlos: Así empieza la gente como vos, compartiendo memes.

W: Perdón, ¿la gente como yo?

Carlos: Personas que un día comparten un meme y al otro están violando nenas de quince años.

W: Carlos ¿Me estas llamando violador serial por compartir un meme que vi en una página? ¿Esto es real?

Carlos: Es que si te pones a pensar, todos los hombres son violadores. Por más que no practiquen el acto en sí, en el fondo todos están podridos.

Nota: Obviamente tras semejante declaración del buen Carlos, me quedo unos minutos expectante frente al monitor esperando a que agregue algo más, pero no fue el caso

W: Pero entonces por lo que me estás diciendo, tengo que llegar a la conclusión de que vos también sos violador.

Carlos: Es que no es algo que yo elija de manera consciente, sino que viene incorporado en nuestra naturaleza.

W: Entiendo.

Carlos: Es que es así.



W: Che Carlos.

Carlos: ¿Qué?

W: ¿Otra vez estuviste chupando la bola del desodorante?

Carlos: Andate a la mierda enfermo.

W: Vos violas nenas de quince años ¿Y el enfermo soy yo? ¿Cómo es eso?

Carlos: YO NO VIOLE A NADIE PELOTUDO. Una cosa son los pensamientos que yo como ser humano pueda llegar a gestar y otra muy diferente es burlarse de la imagen de la mujer como lo haces vos!!!

W: Yo solo compartí una imagen, técnicamente no me burle de nadie.

Carlos: ¿Vos decís?

W: Obvio. Pero bueno, ahora solo resta saber una cosa.

Carlos: ¿Qué cosa?

W: Si me vas a denunciar, Carlos.

Carlos: ¡¿Denunciar?! ¡¿De qué hablas?!

W: ¿Cómo de que hablo? De la Policía Anti-Memes, por supuesto. ¿Me vas a denunciar?

Carlos: No es que claramente con vos no se puede hablar porque no estás bien de la cabeza.

W: Carlos por favor te pido que no evadas la pregunta. Necesito saber si me vas a denunciar. No puedo ir la cárcel.

Carlos: Matate imbécil.

W: Tomo tu silencio como un “no” entonces. Me parece justo. Vos no me denuncias por lo del tráfico de memes y yo no le menciono a nadie lo de las violaciones.

Carlos: Chabón, agradece que no te tengo en frente mío en este preciso instante.

W: ¿Pensas violarme a mí también?

Carlos: Me das lastima. De verdad te lo digo.

W: ¿Por?

W: ¿Carlos?

W: ¿?

*Me bloquea*


A esta altura es una obviedad señalar que cuando alguien te bloquea en Facebook, al mismo tiempo que dejas de ver cualquier actividad del contacto en cuestión, la “amistad” queda cancelada de manera automática y la persona simplemente desaparece de tu lista de amigos.

A menos que me hiciera una cuenta nueva exclusivamente para hablar con Carlos, o que usara la de otra persona (de hecho la de mi hermano fue la opción más latente en su momento) no iba a poder hablar con él. Lo cual es una pena, porque la conversación, como pocas veces, me dejo un gusto realmente amargo. Carlos era un amigo, y no quería perder su amistad a causa de un tonto malentendido por chat. Sí. Era un estúpido y tenía una pésima manera de defender su punto de vista. Pero aun así, no valía la pena, por lo que decidí hacerme una nueva cuenta y hablarle al día siguiente, cosa de encontrarlo más calmado.

W: Hola, Carlos.

Nota: Ni bien le mando el mensaje, lo primero que pensé fue que no iba a responder y que directamente me iba a bloquear, pero para mi sorpresa, responde casi al instante.

Carlos: ¿Qué queres?

W: Eeeh ¿Por qué la mala onda? Encima que me bloqueas del Feisbus.

Carlos: Vos te lo buscaste, con tu mediocridad y falta de respeto.

W: Los chicos preguntan cuándo vas a volver al grupo.

Carlos: No pienso volver.

W: Carlos, yo jamás te falté el respeto. Y si en algo me equivoque, Dios sabe que lo estoy pagando.

Carlos: ¿Dios? ¿De qué estás hablando? No empecemos con la boludez de nuevo, por favor.

W: Es en serio Carlos. Cualquier cosa que haya hecho mal en los últimos días, tene la plena seguridad de que lo estoy pagando y con creces. Vos deberías saberlo, después de todo esto fue obra tuya.

Carlos: No entiendo de que estás hablando.

W: Recibí una carta.

Carlos: ¿Una carta?

W: Sí, una carta.

Carlos: ¿De quién?

W: Carlos, ¿de verdad pensas seguir con esta farsa de que no sabes nada al respecto?

Carlos: Es que no sé de qué carajo hablas chabón. ¿Se puede saber de qué mierda es la carta?

W: Me citaron, Carlos.

Carlos: ¡¿De dónde?!

W: Del Ministerio de Memes.

Carlos: ANDA A LA CONCHA DE TU HERMANA.

W: Es en serio, Carlos. Me citaron a declarar por el uso de memes antifeministas.

Carlos: A vos no te pueden citar a declarar de ningún lado porque sos inimputable flaco.

W: Te llevaría la carta hasta tu casa para que la veas y me creas, pero no puedo porque estoy bajo arresto domiciliario, Carlos. Y todo por tu culpa.

Carlos: Matate enfermo. Por tu bien espero no cruzarte por la calle, porque te juro que te mato.

W: Está bien Carlos. Si no queres volver a verme o hablarme lo entiendo y lo respeto. Pero necesito que por lo menos me digas la verdad. Creo que me lo merezco.

Carlos: ¿Qué verdad, idiota? No sé de qué hablas y la verdad que ni me importa tampoco.

W: ¿Cuántas, Carlos?

Carlos: ¿Cuántas que?

W: ¿Cuántas chicas violaste?

Carlos: Te voy a matar.

W: Carlos, yo lo único que quiero es saber la verdad. Los padres de esas criaturas merecen saber la verdad.

Carlos: Quedate tranquilo que te la voy a contar personalmente. Estoy saliendo para tu casa, infeliz.

W: Barbaro, así charlamos un poco.

Carlos: Te voy a dejar hecho una figurita.

W: Carlos ya que venís, ¿no me harías el favor de traerme la PSP que me olvide en tu casa?

*No vuelve a responder*

Dos días pasaron de esta conversación. De más está decir que Carlos nunca se presentó a cumplir sus amenazas (ni vino a traerme mi PSP, vale aclarar) porque es un cobarde que está dispuesto a defender su credo siempre y cuando sea detrás de la salvedad de un monitor.


Malditos fanáticos. Juro que no voy a descansar hasta cazarlos a todos.